|
|
|

Manual oficial de la
Legión de María
Continuación
APÉNDICE 1
Cartas y Mensajes de Los Papas
Pío XI a la Legión de María - 16 de septiembre de 1933
"Bendecimos muy particularmente esta hermosa y santa obra: La Legión
de María. Su nombre ya dice bastante. La imagen de María Inmaculada
en su estandarte representa cosas santas y sublimes.
La Virgen santísima es Madre del Redentor y Madre de todos nosotros.
Coopera a nuestra redención, porque fue hecha madre nuestra al pie
de la Cruz. En este año celebramos el centenario de esta Cooperación
y de esta Maternidad universal de María
Ruego por vosotros, a fin de que ejerzáis con más ahínco todavía ese
apostolado de oración y acción que habéis emprendido.
Haciéndolo así, Dios os hará también colaboradores suyos en la
redención. Ningún medio mejor que éste para demostrar vuestra
gratitud al Redentor".
***************
PAPA PIO XII A LA LEGIÓN DE MARÍA
Ciudad del Vaticano 22 de julio de 1953
Estimado Sr. Duff:
Por el mandato augusto del Santo Padre tengo el honor de comunicar
un mensaje de saludo y estímulo a la Legión de María, fundada hace
unos treinta años sobre el fértil suelo de la católica Irlanda.
Su Santidad ha seguido con paternal interés año tras año el progreso
de la Legión, conforme iba ésta engrosando las filas de aquellos
valientes fieles devotos de María que están peleando contra las
fuerzas del mal en el mundo de hoy; y se regocija con Ud. de ver
enarbolado el estandarte de la Legión en los cuatro puntos
cardinales del mundo.
Es muy propio, por consiguiente, que los legionarios de María
reciban en estos momentos una palabra de agradecimiento y aprecio
por el bien que han realizado, así como también la exhortación para
que perseveren con celo creciente en la generosa colaboración que
han prestado a la Iglesia en su divina misión de traer a todos los
hombres a Cristo, nuestra Cabeza, el cual es el Camino, la Verdad y
la Vida.
La eficacia de su contribución a este apostolado será medida en gran
parte por su sólida formación espiritual, la cual, bajo la guía
prudente de sus directores espirituales, desarrollará en ellos de un
modo manifiesto un espíritu verdaderamente apostólico, y hará que
todas sus actividades estén caracterizadas por una obediencia pronta
a las órdenes de la Santa Sede, y por una sumisión leal a los
ordinarios del lugar, cuya dirección buscarán y ejecutarán
fielmente.
Imbuidos de este carácter sobrenatural del apóstol seglar auténtico,
irán adelante con santo atrevimiento, y seguirán siendo poderosos
auxiliares de la Iglesia en su combate contra el poder de las
tinieblas. Invocando la intercesión de María sobre sus legionarios
en todo el mundo, Su Santidad desea que yo transmita, como prueba de
su particular benevolencia, a Ud. personalmente, a los directores
espirituales y a todos los socios de la Legión, activos y
auxiliares, la Bendición Apostólica.
Con sentimientos de alto aprecio y religioso servicio, quedo de Ud.
Sr. Francis Duff,
Concilium Legionis Mariae, De Montfort House, North Brunswick Street,
Dublín, Irlanda
Montini Su affmo. Cristo
(Firmado): J.B. Pro-Secretario
***************
JUAN XXIII A LA LEGIÓN DE MARIA
A los oficiales y socios de la Legión de María en todo el mundo, en
señal de Nuestro afecto paternal y en prenda de frutos espirituales
cada vez más abundantes para su laudable obra, impartimos de nuestro
corazón una Bendición apostólica particular.
Ciudad del Vaticano 19 de marzo de 1960
"La Legión de María presenta el verdadero rostro de la Iglesia
Católica".
A los legionarios de Francia 13 de julio de 1960
Ciudad del Vaticano 6 de enero de 1965
Mi querido Sr. Duff:
La carta que dirigió Ud. últimamente al Soberano Pontífice,
inspirada en devotos y filiales sentimientos, produjo a Su Santidad
contento y gratitud. Su Santidad desea aprovechar esta ocasión para
enviar su Mensaje de elogio y aliento a la Legión de María que,
nacida primeramente en el religioso ambiente de la católica Irlanda,
ha extendido después su benéfica acción a todos los continentes.
El Santo Padre considera este mensaje ampliamente merecido por este
movimiento, en razón de sus fines religiosos y de las muchas
actividades que tan acertadamente ha emprendido y desarrollado con
gran provecho católico, demostrando así ser instrumento de asombrosa
eficacia para la edificación y extensión del Reino de Dios.
Su Santidad guarda un vivo recuerdo de las conversaciones tenidas
con Ud. cuando Él estaba al servicio de esta Secretaría de Estado.
Fue precisamente de estas conversaciones de donde Él pudo obtener la
idea completa del espíritu que anima al movimiento de la Legión de
María y constituye el secreto de su vitalidad. Realmente, el
espíritu de la Legión, al mismo tiempo que se nutre fructuosamente
de la vigorosa vida interior de sus miembros, de su disciplina, de
su dedicación a la salvación de los hombres, de su firme lealtad a
la Iglesia, se distingue y caracteriza, sobre todo, por una
confianza inquebrantable en la acción de la santísima Virgen.
Reconociendo en Ella el modelo, la guía, la alegría y el sustento de
todos sus miembros, la Legión de María, con sus elocuentes
actividades, nos ayuda a comprender lo mucho que el apostolado debe
inspirarse en Ella, que dio a Cristo al mundo y estuvo tan
estrechamente asociada a Él en la obra de la redención.
Por eso Su Santidad se complace en contar con este espíritu de la
Legión, que ha formado ya, en todas partes del mundo, gran número de
ardientes apóstoles y heroicos testigos donde la fe es atacada y
perseguida.
En la convicción de que los resultados ya obtenidos no disminuirán,
sino más bien, aumentarán constantemente las energías y los
esfuerzos apostólicos de todos los legionarios, el Santo Padre
expresa a Ud. y a todos sus colaboradores su profunda gratitud, y
exhorta a todos a que continúen con el mismo amor por la Iglesia -
siempre en la más íntima dependencia de los obispos - en las obras
de apostolado, y en un espíritu de activa colaboración con todas las
demás asociaciones católicas.
Confiando las diversas clases de sus miembros a la maternal
protección de nuestra Señora, el Soberano Pontífice otorga
afectuosamente a Ud., a cada uno de los legionarios, sus directores
y sus actividades, su especial y paternal Bendición Apostólica.
Con el testimonio de mi consideración más distinguida, quedo suyo
affmo. en Cristo.
(Firmado): A.G. Card.CICOGNANI
Sr. D. FRANCIS DUFF - Presidente de la Legión de María - Concilium
Legionis Mariae - De Montfort House
North Brunswick Street - Dublín
***************
APÉNDICE 2
ALGUNOS EXTRACTOS DE LA CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA SOBRE LA IGLESIA,
“LUMEN GENTIUM", DEL CONCILIO VATICANO II
La constitución "Lumen Gentium", del Concilio Vaticano II, debe ser
leída entera. Porque esta promulgación, abre mayores profundidades
en nuestra comprensión del Cuerpo místico de Cristo, y con ello
ofrece a todos sus miembros una vida más segura y espléndida para la
Iglesia. Los pocos extractos que damos aquí no nos dispensan de
estudiar toda la constitución; los copiamos porque tocan
particularmente a la esencia de la Legión, ya que tratan de la
maternidad de María respecto del Cuerpo místico, presentándola
dentro de un marco nuevo. Después de Cristo, María es el miembro
primero y más noble del Cuerpo místico. Y, si queremos guardar las
proporciones de la estructura total, tenemos que mirar a María como
elemento inseparable de la Iglesia.
Artículo 60: Hay un solo mediador, como lo sabemos por las palabras
del Apóstol: porque no hay más que un Dios, y no hay más que un
mediador entre Dios y los hombres: un hombre, el Mesías Cristo Jesús
que se entregó como precio de la libertad de todos (1 Tim 2, 5-6).
El oficio maternal de María para con los hombres no oscurece ni
disminuye en manera alguna esta mediación única de Cristo; al
contrario, despliega su poder. Porque toda la influencia salvadora
de la santísima Virgen sobre los hombres no se deriva de ningún
género de necesidad, sino del divino beneplácito. Fluye de la
sobreabundancia de los méritos de Cristo. Descansa sobre su
mediación, de Ella depende enteramente, y de Ella recibe toda su
eficacia. Al mismo tiempo su influencia, lejos de ser impedimento a
la unión directa de los fieles con Cristo, la fomenta.
Artículo 61: La santísima Virgen, predestinada desde toda la
eternidad -juntamente con la Encarnación del Verbo Divino- para ser
Madre de Dios, por decisión de la divina Providencia fue hecha en la
tierra Madre excelsa del divino Redentor. Por encima de todos, y de
un modo único, fue la compañera generosa y humilde sierva del Señor.
Concibió a Cristo, le dio a luz, le alimentó, le presentó en el
templo al Padre, y, cuando murió en cruz, compartió sus
sufrimientos. De este singularísimo modo colaboró en la obra del
Salvador. Mediante su obediencia, su fe, su esperanza, su ardiente
caridad, ayudó a restaurar la vida sobrenatural de las almas. Y por
estos títulos fue Madre nuestra en el orden de la gracia.
Artículo 62: Esta maternidad de María perdura sin cesar en la
economía de la gracia: empezó en la Anunciación con el
consentimiento de su fe; se renovó sin vacilación al pie de la Cruz;
y continúa hasta que se complete el número de los escogidos. Llevada
a los cielos, María no cesó en su función salvadora, sino que,
mediante su múltiple intercesión, sigue alcanzándonos los dones de
la salvación eterna. Con su amor maternal cuida de los hermanos de
su Hijo, que todavía peregrinan entre peligros y ansiedades, hasta
que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo la
Virgen Santísima es invocada por la Iglesia bajo los títulos de
Abogada, Socorro, Auxiliadora y Medianera; sin que esto signifique
ni disminución ni adición a la dignidad y suficiencia de Cristo, el
único mediador.
Artículo 65: Mientras la Iglesia ha alcanzado ya en la Santísima
Virgen la perfección, en virtud de la cual se presenta a Cristo sin
mancha ni arruga (Ef 5, 27), los seguidores de Cristo continúan
luchando para vencer el pecado y crecer en santidad. Y por eso
levantan sus ojos a María, que brilla ante toda la comunidad de los
escogidos como modelo de virtudes. Meditando en Ella devotamente, y
contemplándola a la luz del Verbo hecho hombre, la Iglesia penetra
con más reverencia y profundidad en el misterio supremo de la
Encarnación, y se conforma más y más a su Esposo. Y es que María,
por su íntima participación en la historia de la salvación, en
cierto modo unifica y refleja en sí misma las grandes exigencias de
la fe; y, cuando es anunciada y venerada, atrae a los creyentes a su
Hijo y al Sacrificio de este Hijo, y al amor del Eterno Padre. La
Iglesia, a su vez, buscando la gloria de Cristo, se va asemejando
más y más a su excelso Modelo, María; y procurando y obedeciendo en
todas las cosas la Voluntad de Dios, progresa continuamente en la
fe, la esperanza y la caridad. Por eso, también la Iglesia, en su
obra apostólica, se fija -con razón- en Aquella que dio a Cristo al
mundo -concebido por obra del Espíritu Santo y nacido de la Virgen-,
para que también nazca y crezca por medio de la Iglesia en los
corazones de los fieles. La Virgen, en su vida personal, fue ejemplo
del amor maternal con que han de estar animados cuantos cooperan con
la Iglesia en su misión apostólica de regenerar a los hombres.
“Ya en la anunciación, la maternidad de María es la primera y
secreta formación de la Iglesia. En aquel momento no veáis en Jesús
y María solamente la sociedad del Hijo con su Madre, sino de Dios
con el hombre, del Salvador con la primera redimida por Él. Todos
los hombres están llamados a incorporarse a esa sociedad: eso es la
Iglesia. En las personas de Jesús y María adquiere la Iglesia, no
sólo su esencia, sino también sus principales características. Es
perfectamente una y santa. Es virtualmente católica, o sea
universal, en aquellos dos Miembros universales. No falta sino
catolicidad de hecho y en el apostolado" (Laurentin).
***************
APÉNDICE 3
EXTRACTOS DEL CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO SOBRE OBLIGACIONES Y
DERECHOS DE LOS FIELES LAICOS
Can. 224: Los fieles laicos, además de las obligaciones y derechos
que son comunes a todos los fieles cristianos y de los que se
establecen en otros cánones, tienen obligaciones y derechos que se
enumeran en los cánones de este título.
Can. 225: 1. Puesto que, en virtud del bautismo y de la
confirmación, los laicos, como todos los demás fieles, están
destinados por Dios al apostolado, tienen la obligación general, y
gozan del derecho, tanto personal como asociadamente, de trabajar
para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por
todos los hombres en todo el mundo; obligación que les apremia
todavía más en aquellas circunstancias en las que sólo a través de
ellos pueden los hombres oír el Evangelio y conocer a Jesucristo.
2. Tienen también el deber particular, cada uno según su propia
condición, de impregnar y perfeccionar el orden temporal con el
espíritu evangélico, y dar así testimonio de Cristo, especialmente
en la realización de esas mismas cosas temporales y en el ejercicio
de las tareas seculares.
Can. 226: 1. Quienes, según su propia vocación, viven en el estado
matrimonial tienen el peculiar deber de trabajar en la edificación
del pueblo de Dios a través del matrimonio y de la familia.
2. Por haber transmitido la vida a sus hijos, los padres tienen el
gravísimo deber y el derecho de educarles; por tanto, corresponde a
los padres cristianos en primer lugar procurar la educación
cristiana de sus hijos según la doctrina enseñada por la Iglesia.
Can. 227: Los fieles laicos tienen derecho a que se les reconozca en
los asuntos terrenos aquella libertad que compete a todos los
ciudadanos; sin embargo, al usar de esa libertad, han de cuidar de
que sus acciones estén inspiradas por el espíritu evangélico, y han
de prestar atención a la doctrina propuesta por el magisterio de la
Iglesia, evitando a la vez presentar como doctrina de la Iglesia su
propio criterio, en materias opinables.
Can. 228: 1. Los laicos que sean considerados idóneos tienen
capacidad de ser llamados por los sagrados Pastores para aquellos
oficios eclesiásticos y en cargos que puedan cumplir según las
prescripciones del derecho.
2. Los laicos que se distinguen por su ciencia, prudencia e
integridad tienen capacidad para ayudar como peritos y consejeros a
los pastores de la Iglesia, también formando parte de consejos,
conforme a la norma del derecho.
Can. 229: 1. Para que puedan vivir según la doctrina cristiana,
proclamarla, defenderla cuando sea necesario y ejercer la parte que
les corresponde en el apostolado, los laicos tienen el deber y el
derecho de adquirir conocimiento de esa doctrina, de acuerdo con la
capacidad y condición de cada uno.
2. Tienen también el derecho a adquirir el conocimiento más profundo
de las ciencias sagradas que se imparte en las universidades o
facultades eclesiásticas o en los institutos de ciencias religiosas,
asistiendo a sus clases y obteniendo grados académicos.
3. Ateniéndose a las prescripciones establecidas sobre la idoneidad
necesaria, también tienen capacidad de recibir de la legítima
autoridad eclesiástica mandato de enseñar ciencias sagradas.
Can. 230: 1. Los varones laicos que tengan la edad y condiciones
determinadas por decreto de la Conferencia Episcopal, pueden ser
llamados para el ministerio estable de lector y acólito, mediante el
rito litúrgico prescrito; sin embargo, la colación de esos
ministerios no les da derecho a ser sustentados o remunerados por la
Iglesia.
2. Por encargo temporal, los laicos pueden desempeñar la labor de
lector en las ceremonias litúrgicas; así mismo todos los laicos
pueden desempeñar las funciones de comentador, cantor y otras, a
tenor de la norma del derecho.
3. Donde lo aconseje la necesidad de la Iglesia y no haya ministros,
pueden también los laicos, aunque no sean lectores ni acólitos,
suplirles en algunas de sus funciones, es decir, ejercitar el
ministerio de la palabra, presidir las oraciones litúrgicas,
administrar el bautismo y dar la sagrada comunión, según las
prescripciones del derecho.
Can. 231: 1. Los laicos que de modo permanente o temporal se dedican
a un servicio especial de la Iglesia tienen el deber de adquirir la
formación conveniente que se requiere para desempeñar bien su
función, y para ejercerla con conciencia, generosidad y diligencia.
2. Manteniéndose lo que prescribe el can. 230, 1, tienen derecho a
una conveniente retribución que responda a su condición, y con la
cual puedan proveer decentemente a sus propias necesidades y a las
de su familia, de acuerdo también con las prescripciones del derecho
civil, y tienen también derecho a que se provea debidamente a su
previsión y seguridad social y a la llamada asistencia sanitaria.
***************
APÉNDICE 4
LA LEGIÓN ROMANA
La Legión Romana ha sido probablemente el más colosal entre los
cuerpos militares que han conocido los siglos. El secreto de su
invencibilidad fue el maravilloso espíritu de cada uno de sus
miembros. El soldado individual tenía que sacrificar su
personalidad, dejándola absorber por la de la Legión, una sumisión
"ad nutum", es decir, a la menor indicación del oficial, sin reparar
ni en los méritos del que mandaba ni en sus propios gustos ni
caprichos. Si no llegaba el ascenso, estaba prohibido murmurar; si
se tenía algún resentimiento, no se debía exteriorizar, ni de
palabra ni de obra. Así marchaban todos como un solo hombre,
estrecha y corporativamente unidos con su jefe. Las huestes romanas,
en línea compacta y ordenada, recorrieron el mundo entero,
manteniendo por doquier el prestigio y la ley de Roma. Frente al
enemigo, su lealtad los hizo irresistibles; tanto le desgastaban con
su intrepidez perseverante y tenaz, que le obligaban a emprender la
fuga o rendirse. Eran las avanzadas del Imperio, y sobre ellas
pesaba la durísima carga de guardar intactas las fronteras
imperiales. Como prueba de su inquebrantable heroísmo tenemos el
ejemplo de aquel centurión hallado de pie en su puesto, cuando se
excavaron las ruinas de Pompeya; y también, el de la célebre Legión
Tebana -con sus generales, los santos Mauricio, Exuperio y Cándido-
asesinada por su lealtad durante la persecución Maximiano.
El espíritu de la Legión Romana puede resumirse en estos términos:
sumisión a la autoridad; conciencia del deber a toda prueba;
perseverancia ante los obstáculos; resistencia en las privaciones;
lealtad a la causa hasta en los más insignificantes pormenores del
deber.
Tal era el ideal pagano del buen soldado. Y tal debe ser el ideal
del legionario de María: iguales arrestos, pero sobrenaturalizados,
templados y endulzados por el contacto con Aquella que sabe enseñar
mejor que nadie el secreto de un servicio lleno de amor y bondad.
El centurión, que estaba frente a Él al ver que había expirado dando
aquel grito, dijo: "verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" (Mc.15,39).
Y los soldados que con el centurión custodiaban a Jesús, viendo el
terremoto y todo lo que pasaba, dijeron aterrados: "verdaderamente
éste era Hijo de Dios" (Mt 27,54).
"Los primeros en convertirse fueron, así, los soldados del ejército
romano.
La Iglesia, que luego llevará el nombre de Iglesia romana, empezó
por modo misterioso ya sobre el Calvario el mismo oficio que estaba
destinada a ejercer en todo el orbe. Romanos fueron los que
sacrificaron a la Víctima y la levantaron en presencia de las
turbas; y los futuros custodios de la unidad de la Iglesia se
negaron ya entonces a rasgar la túnica de Jesús; los depositarios de
la fe fueron los primeros en escribir y sostener el dogma principal
de la nueva creencia: la realeza del Nazareno. En el momento de
consumarse el cruento sacrificio fueron ellos, los romanos, los que
se golpearon el pecho y dijeron: verdaderamente, este hombre era el
Hijo de Dios. Por fin, con aquella misma lanza de que se habían de
servir para abrir camino al evangelio por todas las regiones de la
tierra, abrieron el Sagrado Corazón del Maestro, manantial de
caudalosas aguas de gracia y vida sobrenatural. Y ya que todos los
hombres somos culpables de la muerte del Redentor, ya que todos
pusimos en Él nuestras manos empapándolas de su Sangre, y puesto
que, por eso mismo, la Iglesia futura no pudo tener como
representantes suyos más que reos, ¿acaso no parece que los romanos
inauguraron y justificaron ya sobre el Calvario, aunque
inconscientemente, su inmortal destino?
De tal forma estaba colocada la Cruz, que Jesús daba la espalda a
Jerusalén y miraba hacia el Occidente, hacia la Ciudad Eterna"
(Bolo, La Tragedia del Calvario).
***************
APÉNDICE 5
LA COFRADÍA DE MARÍA, REINA DE TODOS LOS CORAZONES
1. San Luis de Montfort, en su tratado sobre la verdadera devoción a
la santísima Virgen María, formula el deseo de que todos los que
practiquen esta devoción se reúnan para formar una cofradía. El
deseo se cumplió en el año 1899, con la fundación en Ottawa, Canadá,
de la cofradía de "María Reina de todos los corazones". Está bajo el
cuidado de la Compañía de María o los misioneros Montfortnianos.
2. La cofradía la componen aquellos fieles que desean vivir sus
votos bautismales mediante una consagración total a Cristo con ayuda
de María, es decir, mediante la práctica perfecta de una verdadera
devoción a María, como nos enseñó San Luis de Montfort, resumida por
él en las siguientes palabras:
"Esta devoción consiste en la entrega total y absoluta de nosotros
mismos a María, para, de este modo, pertenecer total y absolutamente
a Jesús por Ella. Hemos de entregar a María: 1) nuestro cuerpo con
todos sus sentidos y miembros; 2) nuestra alma con todas sus
potencias; 3) los bienes de fortuna que poseamos, presentes y
venideros; 4) nuestros bienes espirituales interiores, a saber:
nuestros méritos y virtudes y nuestras buenas obras, pretéritas,
presentes y futuras. En una palabra: hemos de dar a María todo
cuanto nos pertenezca en el orden de la naturaleza y de la gracia, y
todo cuanto podamos llegar a poseer en el orden de la naturaleza, de
la gracia y de la gloria; y esto lo debemos entregar sin la menor
reserva, sin guardar ni un céntimo, ni un cabello ni una obra buena;
y hacerlo, además, por toda la eternidad; y sin pretender ni esperar
otra recompensa, a cambio de nuestra ofrenda y nuestro servicio, que
la honra de ser todo de Jesucristo por María y en María, aun cuando
esta dulcísima Señora no fuera, como es siempre, la más generosa y
la más agradecida de todas las criaturas de Dios" (Tratado de la
verdadera Devoción, n.121).
3. Las condiciones de alistamiento son:
a) Consagrarse a Jesucristo, Sabiduría eterna y encarnada, por medio
de María, de acuerdo con la fórmula de San Luis de Montfort. Ha de
llevarse a cabo una preparación adecuada, y escogiendo para la
consagración un día especial, una de las fiestas de nuestra Señora.
Se ha de renovar diariamente esta consagración, recitando la
siguiente jaculatoria: "soy todo tuyo, amantísimo Jesús mío, y te
ofrezco cuanto tengo por manos de tu santísima Madre, María". Esta
fórmula haría también las veces de ofrecimiento de la mañana,
prescrito por el Apostolado de la Oración. O podría uno servirse de
esta otra jaculatoria, tan grata a la Legión: "soy todo tuyo, Reina
mía, Madre mía, y cuanto tengo tuyo es”.
b) La inscripción de nuestro nombre en algún centro.
Los principales centros son:
Inglaterra: Montfort House, Burbo Bank Road, Liverpool 123 6TH.
USA: Montfort Fahters, 26 South Saxon Ave., Bay Shore, N.Y. 11706
Francia: 2 rue de Couvents 85290 Saint-Laurent-Sur-Sevre.
Bélgica: Dietsevest 25-3000 Leuven.
Canadá: 4000 Bossuet, Montreal Quebec H1M 2M2.
Italia: via Romagna 44, 00187 Roma.
c) Principalmente - y ésta es la esencia misma de esta devoción -,
vivir regular y constantemente en un estado de absoluta dependencia
de la voluntad de María, siguiendo en esto el ejemplo del Hijo de
Dios en Nazaret; y realizarlo todo por Ella, con Ella, en Ella, y
para Ella, de tal forma que la consideremos como obrando siempre en
unión con nosotros, dirigiendo nuestros esfuerzos y administrando
todos los frutos de los mismos (véase el capítulo 6: deberes de los
legionarios para con María).
4. "La calidad de miembro de esta asociación comporta la comunión
espiritual con toda la familia Montfortiana. Los Legionarios
celebrarán las fiestas litúrgicas que son expresión y vivencia de
comunión, especialmente la Anunciación, 25 de marzo, que es una de
las principales fiestas de la asociación; Natividad de nuestro
Señor, 25 de diciembre; la Inmaculada Concepción, 8 de diciembre; la
fiesta de San Luis de Montfort, 28 de abril. Así mismo los miembros
tienen participación en las riquezas espirituales que a la familia
Montfortniana le hayan sido otorgadas por María, la cual se da por
completo a quien se entrega totalmente a Ella" (Queen, mayo - junio,
1992, p. 25).
5. Para la debida comprensión y práctica de esta devoción, es
esencial leer, no una sino muchas veces, La verdadera devoción a la
santísima Virgen, y la obra más reducida, El Secreto de María, de
San Luis María de Montfort.
"San Pío X, en particular, ha puesto muy de relieve la doctrina de
la mediación universal de María y la de su maternidad espiritual, en
su hermosa encíclica Ad díem illum, que en sustancia no es más que
un traslado de la Verdadera Devoción de Montfort. El santo Pontífice
era ferviente admirador de este famoso tratado. Recomendaba con
muchísimo ahínco que todos lo leyeran, y a sus lectores les dio su
Bendición Apostólica. Además, en dicha encíclica mariana se
encuentran no sólo las ideas favoritas del Siervo de María, sino
hasta sus mismas expresiones" (Mura, El Cuerpo Místico de Cristo).
“ Los que quieran someterse a estas santa esclavitud han de ser my
devotos del gran misterio de la Encarnación del Verbo, que se
celebra el 25 de marzo. En verdad, la Encarnación es el misterio
propio de esta devoción, la cual fue inspirada por el Espíritu Santo
por los siguientes motivos:
a) para honrar e imitar la inefable dependencia que se dignó tener
el Dios Hijo de su Madre María, para gloria de su Eterno Padre y
salvación nuestra; dependencia que resalta de un modo particular en
este misterio, en el que Jesús es esclavo y cautivo en el seno de
María, donde depende de Ella para todo;
b) para agradecer a Dios las gracias incomparables que ha dado a
María, y, en especial, por haberla escogido como Madre suya
dignísima; elección que se hizo en este misterio de la Encarnación.
Estos dos son los principales fines del compromiso de hacerse
esclavo de Jesús en María" (San Luis María de Montfort) (Tratado de
la verdadera devoción, n.243).
***************
APÉNDICE 6
LA MEDALLA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN, LLAMADA LA "MEDALLA
MILAGROSA"
" Luego me dijo la santísima Virgen: " haz que acuñen una medalla
según este modelo. Todos aquellos que la lleven recibirán grandes
gracias, especialmente si la llevan pendiente del cuello. Las
gracias serán copiosas para cuantos la lleven con confianza" (Santa
Catalina Labouré).
Los legionarios harán muchísimo aprecio de esta medalla, que está
tan íntimamente asociada con la historia de la Legión. La imagen de
la Milagrosa que adornó la mesa de la primera junta no fue elegida
deliberadamente con preferencia a otras, y, sin embargo, sintetizó
de manera maravillosa la concepción espiritual de la organización,
que nació, así, en torno de Ella.
Ya desde un principio se recomendó el uso de la medalla en el
trabajo legionario. La invocación que aparece en la Medalla se dijo
ya en la primera junta, y ahora la rezan diariamente todos los
socios como parte integral de la catena. La Medalla es parte
integral del vexillum de la Legión.
El que la Medalla esté tan íntimamente ligada con la piedad
legionaria es cosa que invita a meditar. Y las consideraciones
siguientes harán ver si esto es debido a circunstancias fortuitas o
a la delicada y admirable disposición de la Providencia:
a) La Medalla tiene por fin extender la devoción a la Inmaculada
Concepción pero también muestra a María como Medianera de todas las
gracias; y, así, abarca los varios aspectos según los cuales
considera la Legión a su Reina, a saber: María Inmaculada, Madre y
Medianera.
La representación de la Inmaculada Concepción queda complementada
por la del Corazón Inmaculado de María en el reverso de la Medalla:
aquella retrata a María concebida sin pecado; ésta, a María sin
pecado para siempre.
b) El reverso de la Medalla ostenta la imagen del Sagrado Corazón de
Jesús y del Inmaculado Corazón de María. Ambos Corazones han sido
invocados ya desde la primera junta de la Legión en las preces
preliminares. Los dos Corazones -el uno coronado de espinas, el otro
atravesado por una espada-y, encima, la Cruz y una M mayúscula: todo
ello recuerda la Pasión de Jesús y la Compasión de María, aquel
misterio que mereció el tesoro de gracias que los legionarios
suplican tener, con el privilegio de dárselo a otros en compañía de
María.
c) Por una coincidencia verdaderamente notable, el cardenal
arzobispo de París comenzó la audiencia en que dio su aprobación y
bendición a la Legión a la misma hora y el mismo día del primer
centenario de las apariciones de la Virgen Milagrosa a Santa
Catalina Labouré, que tuvieron una significación para Francia.
Podemos, pues, afirmar que la Medalla ha sido, como asimilada por la
Legión, y que la misión del legionario incluye la de la Medalla. El
legionario es, por decirlo así, una medalla viviente, un humilde
instrumento en manos de la Virgen, para derramar sus gracias por el
mundo.
Hay algunos católicos ansiosos de mostrarse avanzados,
intelectuales, que desprecian esta Medalla, lo mismo que otras
medallas y escapularios como si fueran supersticiones. Esta actitud
de falta de respeto hacia los sacramentales aprobados por la Iglesia
es una temeridad. Y además peca contra la evidencia de los hechos,
porque no hay duda de que el uso de la Medalla ha sido bendecido por
Dios milagrosamente.
Así como los legionarios deben considerarse como soldados, así
también deben tener la Medalla Milagrosa como su arma principal. No
hay que dudar de que María comunicará a su Medalla doble eficacia en
manos de los legionarios.
Por medio del rito de su alistamiento en la Legión, uno queda
convertido en miembro de la Asociación de la Medalla Milagrosa, sin
necesidad de una inscripción oficial en ningún registro. El socio
queda facultado automáticamente para lucrar todas las indulgencias
otorgadas a la asociación.
La fiesta de nuestra Señora de la Medalla Milagrosa se celebra el 27
de noviembre
“María trajo al mundo a quien es la apostolicidad en persona, a
Aquel que vino a encender fuego en el mundo y quiso que ardiera. El
oficio de la Virgen no habría sido completo, si Ella no hubiese
estado en el centro mismo de aquellas llamas de fuego que el
Espíritu de su Hijo hizo descender sobre los Apóstoles, para
inflamarlos con su mensaje hasta la consumación de los siglos.
Pentecostés fue para María un nuevo Belén espiritual, una segunda
Epifanía, en la cual, como Madre junto a la cuna del Cristo místico,
le da a conocer una vez más, aunque a pastores y reyes distintos"
(Obispo Fulton Sheen, El Cuerpo místico de Cristo.)
***************
APÉNDICE 7
LA COFRADÍA DEL SANTÍSIMO ROSARIO
1. Ésta es una asociación que une en una gran familia a los fieles
que se comprometen a recitar los quince misterios del Rosario por lo
menos una vez a la semana. La calidad de miembro de una familia
significa que ésta ha de repartir todo entre sus miembros. Los que
se incorporan a la Cofradía del Rosario quedan invitados a colocar
en las manos de nuestra Señora no sólo sus rosarios, sino también el
valor de todas sus obras, sufrimientos y oraciones para ser
distribuidos como Ella lo considere conveniente entre los demás
miembros de la familia y según las necesidades de la Iglesia. La
cofradía fue fundada por el padre dominico Alan de la Roche en el
año 1470. Su difusión y extensión es especial responsabilidad de la
familia dominicana. Por esta razón todos los inscritos se convierten
en participantes de los beneficios espirituales de la Orden.
2. El hecho de ser San Luis María de Montfort no sólo miembro de
dicha cofradía, sino también fervorosísimo propagandista de la
misma, habría de servir de reclamo al legionario. Todavía existe el
interesante documento que sigue: "Nos, el Provincial de la Orden de
Predicadores, afirmamos y declaramos por la presente que Luis María
Griñón de Montfort, Hermano de nuestra Orden tercera, predica por
todas partes y con gran celo, edificación y fruto la Cofradía del
Rosario en todas las misiones dadas por él continuamente en ciudades
y aldeas".
3. Para ser socio es menester inscribir el nombre y apellido en el
registro de socios en cualquier iglesia donde se halle establecida
la cofradía. Deben rezarse los quince misterios del rosario por lo
menos una vez cada semana, meditando en los misterios durante el
rezo. No obliga bajo pecado. El rosario diario satisface dicha
obligación, y con creces. No se necesita decir los cinco misterios
todos seguidos; pueden distribuirse según convenga. No hay juntas,
ni suscripción obligada.
4. He aquí algunas ventajas de pertenecer a la cofradía: a) el
amparo especial de nuestra Señora, Reina del Rosario; b)
participación en las buenas obras y beneficios espirituales de los
miembros de la orden de Santo Domingo y de la cofradía en todo el
mundo; c) participación, después de la muerte, en las oraciones y
sufragios ofrecidos por dichos miembros en pro de los difuntos; d)
una indulgencia plenaria puede ganarse el día del alistamiento, en
las fiestas de Navidad, Pascua, Anunciación (la Encarnación del
Señor), La Asunción, Nuestra Señora del Rosario, Inmaculada
Concepción y Presentación de nuestro Señor en el templo.
5. Aparte de las indulgencias que pueden ganarse como miembros de la
mencionada cofradía, se ha concedido una indulgencia plenaria a cada
cinco misterios del rosario que se recen de una vez en la Iglesia u
oratorio público, o con una familia, o en una comunidad religiosa, o
en la reunión de alguna asociación piadosa -y aquí estaría incluida
la Legión-. Se concede una indulgencia parcial si se rezan en otras
circunstancias.
6. Nuevas normas para la indulgencia: a) confesión sacramental, una
sola confesión será suficiente para ganar varias indulgencias; b) la
comunión eucarística, que hay que recibir cada vez que se desee
ganar una indulgencia plenaria; c) orar por las intenciones del
Papa, con un padre nuestro y una avemaría, u otra oración; d) se
requiere también que uno esté libre de pecado, incluso de pecado
venial.
“El santo rosario es la más bella flor de nuestra Orden. Si viniese
a marchitarse, al mismo tiempo se marchitaría y desaparecería la
belleza y lustre de nuestro instituto. Por otra parte, cuando esa
flor revive, atrae sobre nosotros, sin tardar, el rocío del cielo;
comunica a nuestro tronco un aroma de gracia y le hace producir
frutos de virtud y honra, arraigados en la sólida piedad" (Fr.
Monroy, Maestro General de la Orden de Predicadores).
***************
APÉNDICE 8
LA ENSEÑANZA DE LA DOCTRINA CRISTIANA
En algunos países la Cofradía de la Doctrina Cristiana ha
desempeñado y sigue desempeñando una parte importante en la
enseñanza de la misma. Muchos legionarios están comprometidos en la
atención a dicha Cofradía y la Legión respalda plenamente ese
trabajo. Siguiendo las directrices de la Dirección General
Catequética (Sagrada Congregación para el Clero de 1971), existe en
cada diócesis un organismo catequético que forma parte de la curia
diocesana. Por medio de este organismo, el obispo, cabeza de la
comunidad y maestro de la doctrina, dirige y modela todas las
actividades catequéticas en la diócesis.
Es importante observar que la enseñanza de la doctrina cristiana es
para todas las edades y para todos los niveles de educación, tal
como especifica el Papa Juan Pablo II (CT,16).
Deseo agradeceros en nombre de la Iglesia a todos, maestros seglares
de catequesis en las parroquias, que os dedicáis a la tarea de la
educación cristiana de muchas generaciones, hombres y mujeres -
seguramente vosotras en mayor número - del mundo entero. Vuestra
labor es con frecuencia humilde y permanece oculta, pero la lleváis
a cabo con ardiente y generoso celo. Es una forma eminente de
apostolado seglar y especialmente importante allí donde por diversas
razones, los niños y los jóvenes no reciben la adecuada enseñanza
religiosa en el hogar (CT,66).
La tercera lección es que la catequesis ha sido y será siempre una
labor de la cual toda la Iglesia debe sentirse responsable y debe
desear asumir dicha responsabilidad. Pero los miembros de la Iglesia
tienen distintas responsabilidades derivadas de la misión de cada
uno de ellos. A causa de su cargo, los pastores tienen a diferentes
niveles, la gran responsabilidad de promover, dirigir y coordinar
las catequesis. Por su parte, el Papa tiene la conciencia viva de la
responsabilidad fundamental que recae sobre él en este campo; y no
sólo por razones de preocupación pastoral, sino principalmente como
una fuente de alegría y esperanza (CT, 16).
***************
APÉNDICE 9
ASOCIACIÓN PIONERA DEL SAGRADO CORAZÓN SOBRE LA ABSTINENCIA TOTAL
(VER CAPÍTULO 37)
a) Cuando un Centro Pionero existente estuviera de acuerdo con tener
un praesidium adjunto a él para la promoción y el reclutamiento de
estas asociaciones pioneras, al Praesidium se le facilitará todo el
material de escritorio, imprenta, etc., literatura, libros de
registro, certificados y emblemas, que le permita actuar como unidad
autocompetente. Se requiere el pago por adelantado de este material.
b) El reclutamiento e inscripción en la Asociación Pionera podría
hacerse y podría considerarse como cualquier otro trabajo propio de
un praesidium.
c) Las solicitudes para formar parte de la Asociación Pionera se
tramitarán en las reuniones semanales del praesidium, tal como lo
hara cualquier Centro Pionero en su reunión mensual.
d)NOTA: Todas las solicitudes sobre la Asociación Pionera deberán
dirigirse a: Dirección Central Asociación Pionera de abstinencia
total, 27 Upper Sherrad Street, Dublín 1, Irlanda.
***************
APÉNDICE 10
EL ESTUDIO DE LA FE
Sin dejar sus trabajos legionarios, algunos miembros de un
praesidium -o todos ellos- harían bien en dedicarse al estudio.
Ciertos praesidia -los de internados, los juveniles y los que se
especializan en la enseñanza de la doctrina cristiana, etc.-
deberían mirarlo como cosa propia.
El espíritu intenso de oración y la piedad sólida de la Legión son
una base admirable para el estudio, y supera los inconvenientes que
pueda haber en él. Los presumidos, los hinchados con su saber, y
otros que, atraídos por el estudio, quisieran entrar en la Legión
sólo para perturbar y luego salirse, verán cómo su sistema les
rechaza. En cambio, la Legión influirá de tal modo en los demás, que
les hará perseverar aun después de evaporada la novedad del estudio.
Además, el feliz éxito del estudio estará garantizado, porque se
emprenderá en espíritu de unión con Aquella cuya humildad y
sencillez en buscar la verdad servirá siempre de modelo perfecto a
todos los hombres entregados a la adquisición de la ciencia. ¿Cómo
será esto?, preguntó el ángel (Lc 1,34); y luego, como respuesta, se
le dio Aquel que es la misma Sabiduría divina, la Verdad eterna, la
Luz verdadera. Y María sigue siendo la depositaria de este tesoro: a
Ella, pues, han de acudir cuantos deseen enriquecerse con Él. Los
legionarios mirarán la junta semanal de su praesidium como un
reunirse en torno de su tierna Madre, un entrelazar sus manos con
las de Ella, repletas de los tesoros de sabiduría que ellos buscan.
Así, el legionario emprenderá el estudio con espíritu de piedad, y
no como si fuera mero ejercicio intelectual. Otra característica es
que el estudio no se hará a base de conferencias, pues, las
conferencias no encajan con el modo de ser del praesidium; pero
además por la natural tendencia a aflojar, cuando uno o dos se
encargan de todo el trabajo con responsabilidad exclusiva, como
sucede en las conferencias; y finalmente porque en la práctica, las
conferencias suelen estar preparadas y dictadas según el máximo
alcance intelectual del auditorio, y la mayoría de éste las siguen
con dificultad. Y el resultado es que, como no se entienden las
cosas más que a medias, se olvidan pronto. Es mucho mayor de lo que
suele suponerse el número de los que escuchan una conferencia
erudita con aparente interés y respetuosa atención, quedándose luego
completamente en ayunas.
Usando el método legionario, el socio no tiene por qué aflojar ni un
momento. Cada cual a requerimiento del presidente, da razón del
estudio que haya hecho. De este modo se consigue - con diferentes
grados, pero con igual intensidad - que todos y cada uno de los
miembros tomen responsablemente parte en los esfuerzos que, en el
sistema de conferencias, vendrían a pesar enteramente sobre el
conferenciante. El socio no es sólo oyente: su actitud mental es
activa, no pasiva; trabaja, y su progreso queda apoyado en el buen
criterio y vigilancia de la autoridad.
Los legionarios darán sentados sus informes sobre el trabajo de
estudio, con el libro delante y, si quieren, con los apuntes que
hayan preparado. Nada hay en torno que venga a quitarles la
confianza. Usarán palabras de su propia cosecha, y comunicarán a los
otros sus pensamientos y dificultades en lenguaje sencillo y
familiar. Después de cada informe, los demás socios podrán hacer
algún comentario o pregunta, y se pasará al informe siguiente.
La junta avanzará, no con la velocidad del auto que rueda sobre la
superficie, sino como el arado y el trillo, surcando la tierra
trabajosamente, para desmenuzarla. Después de cavar y ahondar una
misma materia con los sucesivos informes, sin duda los socios lo
habrán entendido perfectamente, grabándoselo bien en la memoria.
La labor de estudio forma parte integral del trabajo total del
praesidium, y necesariamente ha de estar imbuido del espíritu
emprendedor que anima a la Legión, impulsando a los socios a hacer
uso práctico de sus conocimientos.
Aquellos praesidia que hayan adelantado en el estudio deberán pensar
en organizar clases y fundar obras para la enseñanza y divulgación
de la doctrina cristiana, adoptando todos los medios a su alcance, a
fin de repetir el rico caudal de conocimientos que hayan atesorado.
En los mismos legionarios, sus compañeros, procurarán implantar un
deseo más arraigado de estar bien formados en la fe. Pero esta
ciencia que posee la Legión debe llegar a ser patrimonio del público
en general, y es preciso difundirla a través de los múltiples puntos
de contacto de su apostolado, dando así pasos progresivos hacia "la
curación de la más vergonzosa llaga de los pueblos católicos: la
ignorancia de su divina religión" (Pío XI, Motu proprio del 29 de
junio de 1923)
El primer libro de estudio ha de ser el Manual de la Legión, como
base esencial para todo legionario. Si no se comprende bien el
reglamento legionario, no podrán aplicarse acertadamente los métodos
de la Legión, ni al estudio ni a ninguna otra empresa. Todos miran
como una insensatez pretender construir una casa sin preocuparse de
los cimientos; igualmente fútil sería querer levantar el edificio
del estudio cimentándolo sobre los métodos legionarios, sin dar a
este fundamento la solidez que sólo un conocimiento perfecto de los
mismos puede proporcionar.
Otras ramas del saber que más provechosamente podrán estudiarse,
bajo la vigilancia del director espiritual, son: dogma y
apologética, Sagrada Escritura, sociología, liturgia, historia de la
Iglesia, teología moral.
Debiera señalarse para el estudio una parte determinada de la junta
- después de la allocutio, por ejemplo -. Y se debe prestar especial
cuidado a esta parte de la agenda, dándole forma concreta y
estricta, sin permitir que degenere en disputas incoherentes.
En cada junta se determinarán los puntos que los socios deben traer
estudiados en la junta siguiente. A este trabajo se dedicarán los
socios con un empeño y constancia dignos del nombre de legionario,
superando la tendencia natural a dejarse llevar insensiblemente por
el abandono, hasta hacer las cosas con una negligencia que no deja
de ser culpable. Y esto, aunque el estudio mismo no tenga otros
testigos que los del cielo, y aunque sea fácil dar un informe
regular aun sin haber estudiado más que a medias: son muy distintos
el praesidium y la escuela.
Todos, uno a uno, darán cuenta del estudio hecho durante la semana
anterior: podrán presentar sus dificultades sobre los puntos
estudiados, pero no aquéllas cuya solución hallarían ellos mismos
con un pequeño esfuerzo más que hicieran.
Se animará a los miembros a valerse por sí mismos en todo lo que
está a su alcance, y a poner de su parte el máximo esfuerzo. Evítese
en las discusiones cualquier digresión inútil o inoportuna, y
meterse en cuestiones demasiado profundas, o que puedan conducir al
error, o que no vengan al caso. El director espiritual será el
principal sostén del praesidium en todas estas materias.
Repitámoslo con insistencia: cada socio desempeñará su obligación de
trabajo semanal solamente si ejecuta cada semana una labor activa y
sólida. No se cumple, ni siquiera en parte, con el estudio.
“ ¡Cuán estrechamente aliadas están la pureza y la luz! Las almas
más puras son aquellas a quienes Dios da más luz. Por eso, entre
todas las criaturas, la Virgen Santísima es la más resplandeciente
de luz. De Ella se ha dicho que ilumina a los mismos ángeles. Pero
también ilumina a los hombres, y la Iglesia la llama Sede de la
Sabiduría. Por eso nuestros estudios, nuestras contemplaciones y
nuestra vida entera deben ir gravitando más y más sobre aquella
Mujer, entre todas la más bendita, la Madre de la Luz de Luz, el
Verbo hecho carne; porque Dios ha revestido del mismo Sol a aquella
criatura incomparable, y la ha puesto para que irradie la Luz sobre
el universo mundo y sobre toda alma dispuesta a abrirse para
recibirla" (Sauvé, María íntima).
***************
APÉNDICE 11
SÍNTESIS MARIANA, QUE PRESENTA LO MÁS GRAVEMENTE POSIBLE EL PAPEL
MARAVILLOSO DE COLABORACIÓN CONFIADO A MARÍA EN LA ECONOMÍA TOTAL DE
NUESTRA SALVACIÓN. SI SE QUIERE, PUEDE UTILIZARSE EN EL ACIES COMO
ACTO COLECTIVO DE CONSAGRACIÓN, O -SI SE OMITE EL PRIMER PÁRRAFO- EN
OTRAS OCASIONES.
Reina Nuestra, Madre nuestra:
La pausa momentánea delante de tu estandarte nos dio tiempo sólo
para una declaración breve de nuestro amor.
Ahora tenemos más libertad para dejar que nuestros corazones se
expansionen, y conviertan ese pequeño acto de consagración en una
profesión más plena de nuestra fe en ti.
Nos damos cuenta de la inmensidad de nuestra obligación para
contigo. Tú nos diste a Jesús, fuente de todo nuestro bien.
Si no fuera por ti, estaríamos todavía en la tiniebla de un mundo
perdido, de un mundo bajo la antigua sentencia de muerte. De aquel
extremo de miseria ha querido rescatarnos la divina Providencia. Fue
de su agrado hacer uso de ti en ese misericordioso designio,
asignándote una parte que no podía ser más noble.
Aunque dependiente en absoluto del Redentor, tú fuiste constituida
su compañera, acercándote a Él más que criatura alguna, y hecha
indispensable para su obra.
Desde toda la eternidad estabas tú con Él en la intención de la
Santísima Trinidad, participando en su destino: preconizada con Él
en la primera profecía, como la Mujer de quien Él nacería; asociada
a Él en las súplicas de cuantos esperaban su advenimiento; unida con
Él por la gracia mediante tu Inmaculada Concepción, que
portentosamente te redimió; acompañándole en todos los misterios de
su vida mortal, desde el mensaje del ángel hasta la Cruz;
establecida con Él en la gloria por tu Asunción; sentada a su lado
en su trono y administrando con Él el reino de la gracia.
Entre todo el género humano, eras tú la única bastante pura y fuerte
en la fe y en el espíritu para ser la nueva Eva, que, con el nuevo
Adán, se tomaría el desquite de la Caída.
Tu oración, llena ya del Espíritu Santo, trajo a Jesús a la tierra.
Tu voluntad y tu carne le concibieron. Tu leche le nutrió tu amor
sobrehumano le envolvió, y le hizo crecer en años, y en fuerza y
sabiduría. Tú, en verdad, moldeaste a quien te hizo a ti.
Y, al llegar la hora ordenada para el sacrificio, tú, en el
calvario, entregaste libremente al divino Cordero a su misión y
muerte redentora, sufriendo con Él la plenitud del dolor, semejante
al suyo.
Dolor tal, que hubieras muerto juntamente con Él si no estuvieras
reservada para poder velar sobre la Iglesia naciente.
Habiendo sido por todo el curso de la redención su ayudante
indispensable, no has sido menos necesaria para Él en la economía
cristiana. Tu maternidad se extendió para recibir a todos aquellos
por quienes Él había muerto. Haces el oficio de Madre para la
humanidad, lo mismo que para Él, porque somos uno en Él. Cada hombre
queda encomendado a tus pacientes desvelos, hasta que, por fin, lo
engendras tú a la vida eterna.
Así como fue ordenado - para el cumplimiento del plan de nuestra
salvación - que tú fueses instrumento en cada una de sus partes, así
se ordenó que tú estuvieras incluida en nuestro culto.
Hemos de apreciar lo que tú has hecho, y mediante nuestra fe,
nuestro amor, nuestro servicio, hemos de procurar reconocerte
debidamente. Habiendo declarado de este modo la magnitud y la
dulzura de nuestra deuda para contigo, ¿qué más hay que decir, sino
repetir de todo corazón: “Somos todo tuyos, Reina nuestra, Madre
nuestra, y, cuanto tenemos, tuyo es"?
"Es esta la primera vez que un Concilio Ecuménico haya presentado
una síntesis tan extensa de la doctrina católica acerca del lugar
que ocupa María Santísima en el misterio de Cristo y de la Iglesia.
Pero tal síntesis está en conformidad con el fin que se había
propuesto el Concilio de manifestar el semblante de la santa
Iglesia. Pues María está unida a la Iglesia con los más estrechos
vínculos. Como se ha dicho magníficamente: "Ella es la parte
grandiosa de la Iglesia, la mejor parte, la parte especial y
acogida" (Ruperto de Apoc).
Verdaderamente, la realidad de la Iglesia no consiste solamente en
su estructura jerárquica, su liturgia, sus sacramentos, sus
declaraciones jurídicas. Su esencia más profunda, la primera fuente
de su eficaz poder de santificación, hay que buscarla en su unión
mística con Cristo. Esta unión no puede considerarse divorciada de
aquella que es la Madre del Verbo Encarnado, a quien Jesucristo
quiso unirse tan íntimamente para realizar nuestra salvación. Lo
cual explica por qué, en esa perspectiva de la Iglesia, es preciso
insertar la amorosa contemplación de las maravillas que Dios ha
obrado en su santa Madre. El conocimiento de la doctrina ortodoxa
católica acerca de María será siempre la clave para la recta
comprensión del misterio de Cristo y de la Iglesia.
Siendo esto así, proclamamos a María santísima la Madre de la
Iglesia; es decir, de todo el pueblo de Dios, de los fieles y de sus
pastores" (Papa Pablo VI Discurso sobre el Concilio Vaticano II).
(Esta cita no forma parte de la Síntesis)

Manual de la Legión de María
Página anterior
|
|
|
|