Manual oficial de la Legión de María

Continuación

 

 

APÉNDICE 1
Cartas y Mensajes de Los Papas

Pío XI a la Legión de María - 16 de septiembre de 1933

"Bendecimos muy particularmente esta hermosa y santa obra: La Legión de María. Su nombre ya dice bastante. La imagen de María Inmaculada en su estandarte representa cosas santas y sublimes.
La Virgen santísima es Madre del Redentor y Madre de todos nosotros. Coopera a nuestra redención, porque fue hecha madre nuestra al pie de la Cruz. En este año celebramos el centenario de esta Cooperación y de esta Maternidad universal de María
Ruego por vosotros, a fin de que ejerzáis con más ahínco todavía ese apostolado de oración y acción que habéis emprendido.
Haciéndolo así, Dios os hará también colaboradores suyos en la redención. Ningún medio mejor que éste para demostrar vuestra gratitud al Redentor".

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PAPA PIO XII A LA LEGIÓN DE MARÍA
Ciudad del Vaticano 22 de julio de 1953

Estimado Sr. Duff:
Por el mandato augusto del Santo Padre tengo el honor de comunicar un mensaje de saludo y estímulo a la Legión de María, fundada hace unos treinta años sobre el fértil suelo de la católica Irlanda.
Su Santidad ha seguido con paternal interés año tras año el progreso de la Legión, conforme iba ésta engrosando las filas de aquellos valientes fieles devotos de María que están peleando contra las fuerzas del mal en el mundo de hoy; y se regocija con Ud. de ver enarbolado el estandarte de la Legión en los cuatro puntos cardinales del mundo.
Es muy propio, por consiguiente, que los legionarios de María reciban en estos momentos una palabra de agradecimiento y aprecio por el bien que han realizado, así como también la exhortación para que perseveren con celo creciente en la generosa colaboración que han prestado a la Iglesia en su divina misión de traer a todos los hombres a Cristo, nuestra Cabeza, el cual es el Camino, la Verdad y la Vida.
La eficacia de su contribución a este apostolado será medida en gran parte por su sólida formación espiritual, la cual, bajo la guía prudente de sus directores espirituales, desarrollará en ellos de un modo manifiesto un espíritu verdaderamente apostólico, y hará que todas sus actividades estén caracterizadas por una obediencia pronta a las órdenes de la Santa Sede, y por una sumisión leal a los ordinarios del lugar, cuya dirección buscarán y ejecutarán fielmente.
Imbuidos de este carácter sobrenatural del apóstol seglar auténtico, irán adelante con santo atrevimiento, y seguirán siendo poderosos auxiliares de la Iglesia en su combate contra el poder de las tinieblas. Invocando la intercesión de María sobre sus legionarios en todo el mundo, Su Santidad desea que yo transmita, como prueba de su particular benevolencia, a Ud. personalmente, a los directores espirituales y a todos los socios de la Legión, activos y auxiliares, la Bendición Apostólica.
Con sentimientos de alto aprecio y religioso servicio, quedo de Ud.

Sr. Francis Duff,
Concilium Legionis Mariae, De Montfort House, North Brunswick Street, Dublín, Irlanda

Montini Su affmo. Cristo
(Firmado): J.B. Pro-Secretario

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JUAN XXIII A LA LEGIÓN DE MARIA

A los oficiales y socios de la Legión de María en todo el mundo, en señal de Nuestro afecto paternal y en prenda de frutos espirituales cada vez más abundantes para su laudable obra, impartimos de nuestro corazón una Bendición apostólica particular.

Ciudad del Vaticano 19 de marzo de 1960

"La Legión de María presenta el verdadero rostro de la Iglesia Católica".

A los legionarios de Francia 13 de julio de 1960

Ciudad del Vaticano 6 de enero de 1965

Mi querido Sr. Duff:
La carta que dirigió Ud. últimamente al Soberano Pontífice, inspirada en devotos y filiales sentimientos, produjo a Su Santidad contento y gratitud. Su Santidad desea aprovechar esta ocasión para enviar su Mensaje de elogio y aliento a la Legión de María que, nacida primeramente en el religioso ambiente de la católica Irlanda, ha extendido después su benéfica acción a todos los continentes.
El Santo Padre considera este mensaje ampliamente merecido por este movimiento, en razón de sus fines religiosos y de las muchas actividades que tan acertadamente ha emprendido y desarrollado con gran provecho católico, demostrando así ser instrumento de asombrosa eficacia para la edificación y extensión del Reino de Dios.
Su Santidad guarda un vivo recuerdo de las conversaciones tenidas con Ud. cuando Él estaba al servicio de esta Secretaría de Estado. Fue precisamente de estas conversaciones de donde Él pudo obtener la idea completa del espíritu que anima al movimiento de la Legión de María y constituye el secreto de su vitalidad. Realmente, el espíritu de la Legión, al mismo tiempo que se nutre fructuosamente de la vigorosa vida interior de sus miembros, de su disciplina, de su dedicación a la salvación de los hombres, de su firme lealtad a la Iglesia, se distingue y caracteriza, sobre todo, por una confianza inquebrantable en la acción de la santísima Virgen. Reconociendo en Ella el modelo, la guía, la alegría y el sustento de todos sus miembros, la Legión de María, con sus elocuentes actividades, nos ayuda a comprender lo mucho que el apostolado debe inspirarse en Ella, que dio a Cristo al mundo y estuvo tan estrechamente asociada a Él en la obra de la redención.
Por eso Su Santidad se complace en contar con este espíritu de la Legión, que ha formado ya, en todas partes del mundo, gran número de ardientes apóstoles y heroicos testigos donde la fe es atacada y perseguida.
En la convicción de que los resultados ya obtenidos no disminuirán, sino más bien, aumentarán constantemente las energías y los esfuerzos apostólicos de todos los legionarios, el Santo Padre expresa a Ud. y a todos sus colaboradores su profunda gratitud, y exhorta a todos a que continúen con el mismo amor por la Iglesia - siempre en la más íntima dependencia de los obispos - en las obras de apostolado, y en un espíritu de activa colaboración con todas las demás asociaciones católicas.
Confiando las diversas clases de sus miembros a la maternal protección de nuestra Señora, el Soberano Pontífice otorga afectuosamente a Ud., a cada uno de los legionarios, sus directores y sus actividades, su especial y paternal Bendición Apostólica.
Con el testimonio de mi consideración más distinguida, quedo suyo affmo. en Cristo.

(Firmado): A.G. Card.CICOGNANI

Sr. D. FRANCIS DUFF - Presidente de la Legión de María - Concilium Legionis Mariae - De Montfort House
North Brunswick Street - Dublín

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APÉNDICE 2

ALGUNOS EXTRACTOS DE LA CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA SOBRE LA IGLESIA, “LUMEN GENTIUM", DEL CONCILIO VATICANO II

La constitución "Lumen Gentium", del Concilio Vaticano II, debe ser leída entera. Porque esta promulgación, abre mayores profundidades en nuestra comprensión del Cuerpo místico de Cristo, y con ello ofrece a todos sus miembros una vida más segura y espléndida para la Iglesia. Los pocos extractos que damos aquí no nos dispensan de estudiar toda la constitución; los copiamos porque tocan particularmente a la esencia de la Legión, ya que tratan de la maternidad de María respecto del Cuerpo místico, presentándola dentro de un marco nuevo. Después de Cristo, María es el miembro primero y más noble del Cuerpo místico. Y, si queremos guardar las proporciones de la estructura total, tenemos que mirar a María como elemento inseparable de la Iglesia.
Artículo 60: Hay un solo mediador, como lo sabemos por las palabras del Apóstol: porque no hay más que un Dios, y no hay más que un mediador entre Dios y los hombres: un hombre, el Mesías Cristo Jesús que se entregó como precio de la libertad de todos (1 Tim 2, 5-6). El oficio maternal de María para con los hombres no oscurece ni disminuye en manera alguna esta mediación única de Cristo; al contrario, despliega su poder. Porque toda la influencia salvadora de la santísima Virgen sobre los hombres no se deriva de ningún género de necesidad, sino del divino beneplácito. Fluye de la sobreabundancia de los méritos de Cristo. Descansa sobre su mediación, de Ella depende enteramente, y de Ella recibe toda su eficacia. Al mismo tiempo su influencia, lejos de ser impedimento a la unión directa de los fieles con Cristo, la fomenta.
Artículo 61: La santísima Virgen, predestinada desde toda la eternidad -juntamente con la Encarnación del Verbo Divino- para ser Madre de Dios, por decisión de la divina Providencia fue hecha en la tierra Madre excelsa del divino Redentor. Por encima de todos, y de un modo único, fue la compañera generosa y humilde sierva del Señor. Concibió a Cristo, le dio a luz, le alimentó, le presentó en el templo al Padre, y, cuando murió en cruz, compartió sus sufrimientos. De este singularísimo modo colaboró en la obra del Salvador. Mediante su obediencia, su fe, su esperanza, su ardiente caridad, ayudó a restaurar la vida sobrenatural de las almas. Y por estos títulos fue Madre nuestra en el orden de la gracia.
Artículo 62: Esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia: empezó en la Anunciación con el consentimiento de su fe; se renovó sin vacilación al pie de la Cruz; y continúa hasta que se complete el número de los escogidos. Llevada a los cielos, María no cesó en su función salvadora, sino que, mediante su múltiple intercesión, sigue alcanzándonos los dones de la salvación eterna. Con su amor maternal cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan entre peligros y ansiedades, hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo la Virgen Santísima es invocada por la Iglesia bajo los títulos de Abogada, Socorro, Auxiliadora y Medianera; sin que esto signifique ni disminución ni adición a la dignidad y suficiencia de Cristo, el único mediador.
Artículo 65: Mientras la Iglesia ha alcanzado ya en la Santísima Virgen la perfección, en virtud de la cual se presenta a Cristo sin mancha ni arruga (Ef 5, 27), los seguidores de Cristo continúan luchando para vencer el pecado y crecer en santidad. Y por eso levantan sus ojos a María, que brilla ante toda la comunidad de los escogidos como modelo de virtudes. Meditando en Ella devotamente, y contemplándola a la luz del Verbo hecho hombre, la Iglesia penetra con más reverencia y profundidad en el misterio supremo de la Encarnación, y se conforma más y más a su Esposo. Y es que María, por su íntima participación en la historia de la salvación, en cierto modo unifica y refleja en sí misma las grandes exigencias de la fe; y, cuando es anunciada y venerada, atrae a los creyentes a su Hijo y al Sacrificio de este Hijo, y al amor del Eterno Padre. La Iglesia, a su vez, buscando la gloria de Cristo, se va asemejando más y más a su excelso Modelo, María; y procurando y obedeciendo en todas las cosas la Voluntad de Dios, progresa continuamente en la fe, la esperanza y la caridad. Por eso, también la Iglesia, en su obra apostólica, se fija -con razón- en Aquella que dio a Cristo al mundo -concebido por obra del Espíritu Santo y nacido de la Virgen-, para que también nazca y crezca por medio de la Iglesia en los corazones de los fieles. La Virgen, en su vida personal, fue ejemplo del amor maternal con que han de estar animados cuantos cooperan con la Iglesia en su misión apostólica de regenerar a los hombres.
“Ya en la anunciación, la maternidad de María es la primera y secreta formación de la Iglesia. En aquel momento no veáis en Jesús y María solamente la sociedad del Hijo con su Madre, sino de Dios con el hombre, del Salvador con la primera redimida por Él. Todos los hombres están llamados a incorporarse a esa sociedad: eso es la Iglesia. En las personas de Jesús y María adquiere la Iglesia, no sólo su esencia, sino también sus principales características. Es perfectamente una y santa. Es virtualmente católica, o sea universal, en aquellos dos Miembros universales. No falta sino catolicidad de hecho y en el apostolado" (Laurentin).

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APÉNDICE 3

EXTRACTOS DEL CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO SOBRE OBLIGACIONES Y DERECHOS DE LOS FIELES LAICOS

Can. 224: Los fieles laicos, además de las obligaciones y derechos que son comunes a todos los fieles cristianos y de los que se establecen en otros cánones, tienen obligaciones y derechos que se enumeran en los cánones de este título.
Can. 225: 1. Puesto que, en virtud del bautismo y de la confirmación, los laicos, como todos los demás fieles, están destinados por Dios al apostolado, tienen la obligación general, y gozan del derecho, tanto personal como asociadamente, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres en todo el mundo; obligación que les apremia todavía más en aquellas circunstancias en las que sólo a través de ellos pueden los hombres oír el Evangelio y conocer a Jesucristo.
2. Tienen también el deber particular, cada uno según su propia condición, de impregnar y perfeccionar el orden temporal con el espíritu evangélico, y dar así testimonio de Cristo, especialmente en la realización de esas mismas cosas temporales y en el ejercicio de las tareas seculares.
Can. 226: 1. Quienes, según su propia vocación, viven en el estado matrimonial tienen el peculiar deber de trabajar en la edificación del pueblo de Dios a través del matrimonio y de la familia.
2. Por haber transmitido la vida a sus hijos, los padres tienen el gravísimo deber y el derecho de educarles; por tanto, corresponde a los padres cristianos en primer lugar procurar la educación cristiana de sus hijos según la doctrina enseñada por la Iglesia.
Can. 227: Los fieles laicos tienen derecho a que se les reconozca en los asuntos terrenos aquella libertad que compete a todos los ciudadanos; sin embargo, al usar de esa libertad, han de cuidar de que sus acciones estén inspiradas por el espíritu evangélico, y han de prestar atención a la doctrina propuesta por el magisterio de la Iglesia, evitando a la vez presentar como doctrina de la Iglesia su propio criterio, en materias opinables.
Can. 228: 1. Los laicos que sean considerados idóneos tienen capacidad de ser llamados por los sagrados Pastores para aquellos oficios eclesiásticos y en cargos que puedan cumplir según las prescripciones del derecho.
2. Los laicos que se distinguen por su ciencia, prudencia e integridad tienen capacidad para ayudar como peritos y consejeros a los pastores de la Iglesia, también formando parte de consejos, conforme a la norma del derecho.
Can. 229: 1. Para que puedan vivir según la doctrina cristiana, proclamarla, defenderla cuando sea necesario y ejercer la parte que les corresponde en el apostolado, los laicos tienen el deber y el derecho de adquirir conocimiento de esa doctrina, de acuerdo con la capacidad y condición de cada uno.
2. Tienen también el derecho a adquirir el conocimiento más profundo de las ciencias sagradas que se imparte en las universidades o facultades eclesiásticas o en los institutos de ciencias religiosas, asistiendo a sus clases y obteniendo grados académicos.
3. Ateniéndose a las prescripciones establecidas sobre la idoneidad necesaria, también tienen capacidad de recibir de la legítima autoridad eclesiástica mandato de enseñar ciencias sagradas.
Can. 230: 1. Los varones laicos que tengan la edad y condiciones determinadas por decreto de la Conferencia Episcopal, pueden ser llamados para el ministerio estable de lector y acólito, mediante el rito litúrgico prescrito; sin embargo, la colación de esos ministerios no les da derecho a ser sustentados o remunerados por la Iglesia.
2. Por encargo temporal, los laicos pueden desempeñar la labor de lector en las ceremonias litúrgicas; así mismo todos los laicos pueden desempeñar las funciones de comentador, cantor y otras, a tenor de la norma del derecho.
3. Donde lo aconseje la necesidad de la Iglesia y no haya ministros, pueden también los laicos, aunque no sean lectores ni acólitos, suplirles en algunas de sus funciones, es decir, ejercitar el ministerio de la palabra, presidir las oraciones litúrgicas, administrar el bautismo y dar la sagrada comunión, según las prescripciones del derecho.
Can. 231: 1. Los laicos que de modo permanente o temporal se dedican a un servicio especial de la Iglesia tienen el deber de adquirir la formación conveniente que se requiere para desempeñar bien su función, y para ejercerla con conciencia, generosidad y diligencia.
2. Manteniéndose lo que prescribe el can. 230, 1, tienen derecho a una conveniente retribución que responda a su condición, y con la cual puedan proveer decentemente a sus propias necesidades y a las de su familia, de acuerdo también con las prescripciones del derecho civil, y tienen también derecho a que se provea debidamente a su previsión y seguridad social y a la llamada asistencia sanitaria.

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APÉNDICE 4

LA LEGIÓN ROMANA

La Legión Romana ha sido probablemente el más colosal entre los cuerpos militares que han conocido los siglos. El secreto de su invencibilidad fue el maravilloso espíritu de cada uno de sus miembros. El soldado individual tenía que sacrificar su personalidad, dejándola absorber por la de la Legión, una sumisión "ad nutum", es decir, a la menor indicación del oficial, sin reparar ni en los méritos del que mandaba ni en sus propios gustos ni caprichos. Si no llegaba el ascenso, estaba prohibido murmurar; si se tenía algún resentimiento, no se debía exteriorizar, ni de palabra ni de obra. Así marchaban todos como un solo hombre, estrecha y corporativamente unidos con su jefe. Las huestes romanas, en línea compacta y ordenada, recorrieron el mundo entero, manteniendo por doquier el prestigio y la ley de Roma. Frente al enemigo, su lealtad los hizo irresistibles; tanto le desgastaban con su intrepidez perseverante y tenaz, que le obligaban a emprender la fuga o rendirse. Eran las avanzadas del Imperio, y sobre ellas pesaba la durísima carga de guardar intactas las fronteras imperiales. Como prueba de su inquebrantable heroísmo tenemos el ejemplo de aquel centurión hallado de pie en su puesto, cuando se excavaron las ruinas de Pompeya; y también, el de la célebre Legión Tebana -con sus generales, los santos Mauricio, Exuperio y Cándido- asesinada por su lealtad durante la persecución Maximiano.
El espíritu de la Legión Romana puede resumirse en estos términos: sumisión a la autoridad; conciencia del deber a toda prueba; perseverancia ante los obstáculos; resistencia en las privaciones; lealtad a la causa hasta en los más insignificantes pormenores del deber.
Tal era el ideal pagano del buen soldado. Y tal debe ser el ideal del legionario de María: iguales arrestos, pero sobrenaturalizados, templados y endulzados por el contacto con Aquella que sabe enseñar mejor que nadie el secreto de un servicio lleno de amor y bondad.
El centurión, que estaba frente a Él al ver que había expirado dando aquel grito, dijo: "verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" (Mc.15,39). Y los soldados que con el centurión custodiaban a Jesús, viendo el terremoto y todo lo que pasaba, dijeron aterrados: "verdaderamente éste era Hijo de Dios" (Mt 27,54).
"Los primeros en convertirse fueron, así, los soldados del ejército romano.
La Iglesia, que luego llevará el nombre de Iglesia romana, empezó por modo misterioso ya sobre el Calvario el mismo oficio que estaba destinada a ejercer en todo el orbe. Romanos fueron los que sacrificaron a la Víctima y la levantaron en presencia de las turbas; y los futuros custodios de la unidad de la Iglesia se negaron ya entonces a rasgar la túnica de Jesús; los depositarios de la fe fueron los primeros en escribir y sostener el dogma principal de la nueva creencia: la realeza del Nazareno. En el momento de consumarse el cruento sacrificio fueron ellos, los romanos, los que se golpearon el pecho y dijeron: verdaderamente, este hombre era el Hijo de Dios. Por fin, con aquella misma lanza de que se habían de servir para abrir camino al evangelio por todas las regiones de la tierra, abrieron el Sagrado Corazón del Maestro, manantial de caudalosas aguas de gracia y vida sobrenatural. Y ya que todos los hombres somos culpables de la muerte del Redentor, ya que todos pusimos en Él nuestras manos empapándolas de su Sangre, y puesto que, por eso mismo, la Iglesia futura no pudo tener como representantes suyos más que reos, ¿acaso no parece que los romanos inauguraron y justificaron ya sobre el Calvario, aunque inconscientemente, su inmortal destino?
De tal forma estaba colocada la Cruz, que Jesús daba la espalda a Jerusalén y miraba hacia el Occidente, hacia la Ciudad Eterna" (Bolo, La Tragedia del Calvario).

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APÉNDICE 5

LA COFRADÍA DE MARÍA, REINA DE TODOS LOS CORAZONES

1. San Luis de Montfort, en su tratado sobre la verdadera devoción a la santísima Virgen María, formula el deseo de que todos los que practiquen esta devoción se reúnan para formar una cofradía. El deseo se cumplió en el año 1899, con la fundación en Ottawa, Canadá, de la cofradía de "María Reina de todos los corazones". Está bajo el cuidado de la Compañía de María o los misioneros Montfortnianos.
2. La cofradía la componen aquellos fieles que desean vivir sus votos bautismales mediante una consagración total a Cristo con ayuda de María, es decir, mediante la práctica perfecta de una verdadera devoción a María, como nos enseñó San Luis de Montfort, resumida por él en las siguientes palabras:
"Esta devoción consiste en la entrega total y absoluta de nosotros mismos a María, para, de este modo, pertenecer total y absolutamente a Jesús por Ella. Hemos de entregar a María: 1) nuestro cuerpo con todos sus sentidos y miembros; 2) nuestra alma con todas sus potencias; 3) los bienes de fortuna que poseamos, presentes y venideros; 4) nuestros bienes espirituales interiores, a saber: nuestros méritos y virtudes y nuestras buenas obras, pretéritas, presentes y futuras. En una palabra: hemos de dar a María todo cuanto nos pertenezca en el orden de la naturaleza y de la gracia, y todo cuanto podamos llegar a poseer en el orden de la naturaleza, de la gracia y de la gloria; y esto lo debemos entregar sin la menor reserva, sin guardar ni un céntimo, ni un cabello ni una obra buena; y hacerlo, además, por toda la eternidad; y sin pretender ni esperar otra recompensa, a cambio de nuestra ofrenda y nuestro servicio, que la honra de ser todo de Jesucristo por María y en María, aun cuando esta dulcísima Señora no fuera, como es siempre, la más generosa y la más agradecida de todas las criaturas de Dios" (Tratado de la verdadera Devoción, n.121).
3. Las condiciones de alistamiento son:
a) Consagrarse a Jesucristo, Sabiduría eterna y encarnada, por medio de María, de acuerdo con la fórmula de San Luis de Montfort. Ha de llevarse a cabo una preparación adecuada, y escogiendo para la consagración un día especial, una de las fiestas de nuestra Señora. Se ha de renovar diariamente esta consagración, recitando la siguiente jaculatoria: "soy todo tuyo, amantísimo Jesús mío, y te ofrezco cuanto tengo por manos de tu santísima Madre, María". Esta fórmula haría también las veces de ofrecimiento de la mañana, prescrito por el Apostolado de la Oración. O podría uno servirse de esta otra jaculatoria, tan grata a la Legión: "soy todo tuyo, Reina mía, Madre mía, y cuanto tengo tuyo es”.
b) La inscripción de nuestro nombre en algún centro.
Los principales centros son:
Inglaterra: Montfort House, Burbo Bank Road, Liverpool 123 6TH.
USA: Montfort Fahters, 26 South Saxon Ave., Bay Shore, N.Y. 11706
Francia: 2 rue de Couvents 85290 Saint-Laurent-Sur-Sevre.
Bélgica: Dietsevest 25-3000 Leuven.
Canadá: 4000 Bossuet, Montreal Quebec H1M 2M2.
Italia: via Romagna 44, 00187 Roma.
c) Principalmente - y ésta es la esencia misma de esta devoción -, vivir regular y constantemente en un estado de absoluta dependencia de la voluntad de María, siguiendo en esto el ejemplo del Hijo de Dios en Nazaret; y realizarlo todo por Ella, con Ella, en Ella, y para Ella, de tal forma que la consideremos como obrando siempre en unión con nosotros, dirigiendo nuestros esfuerzos y administrando todos los frutos de los mismos (véase el capítulo 6: deberes de los legionarios para con María).
4. "La calidad de miembro de esta asociación comporta la comunión espiritual con toda la familia Montfortiana. Los Legionarios celebrarán las fiestas litúrgicas que son expresión y vivencia de comunión, especialmente la Anunciación, 25 de marzo, que es una de las principales fiestas de la asociación; Natividad de nuestro Señor, 25 de diciembre; la Inmaculada Concepción, 8 de diciembre; la fiesta de San Luis de Montfort, 28 de abril. Así mismo los miembros tienen participación en las riquezas espirituales que a la familia Montfortniana le hayan sido otorgadas por María, la cual se da por completo a quien se entrega totalmente a Ella" (Queen, mayo - junio, 1992, p. 25).
5. Para la debida comprensión y práctica de esta devoción, es esencial leer, no una sino muchas veces, La verdadera devoción a la santísima Virgen, y la obra más reducida, El Secreto de María, de San Luis María de Montfort.
"San Pío X, en particular, ha puesto muy de relieve la doctrina de la mediación universal de María y la de su maternidad espiritual, en su hermosa encíclica Ad díem illum, que en sustancia no es más que un traslado de la Verdadera Devoción de Montfort. El santo Pontífice era ferviente admirador de este famoso tratado. Recomendaba con muchísimo ahínco que todos lo leyeran, y a sus lectores les dio su Bendición Apostólica. Además, en dicha encíclica mariana se encuentran no sólo las ideas favoritas del Siervo de María, sino hasta sus mismas expresiones" (Mura, El Cuerpo Místico de Cristo).
“ Los que quieran someterse a estas santa esclavitud han de ser my devotos del gran misterio de la Encarnación del Verbo, que se celebra el 25 de marzo. En verdad, la Encarnación es el misterio propio de esta devoción, la cual fue inspirada por el Espíritu Santo por los siguientes motivos:
a) para honrar e imitar la inefable dependencia que se dignó tener el Dios Hijo de su Madre María, para gloria de su Eterno Padre y salvación nuestra; dependencia que resalta de un modo particular en este misterio, en el que Jesús es esclavo y cautivo en el seno de María, donde depende de Ella para todo;
b) para agradecer a Dios las gracias incomparables que ha dado a María, y, en especial, por haberla escogido como Madre suya dignísima; elección que se hizo en este misterio de la Encarnación.
Estos dos son los principales fines del compromiso de hacerse esclavo de Jesús en María" (San Luis María de Montfort) (Tratado de la verdadera devoción, n.243).

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APÉNDICE 6

LA MEDALLA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN, LLAMADA LA "MEDALLA MILAGROSA"

" Luego me dijo la santísima Virgen: " haz que acuñen una medalla según este modelo. Todos aquellos que la lleven recibirán grandes gracias, especialmente si la llevan pendiente del cuello. Las gracias serán copiosas para cuantos la lleven con confianza" (Santa Catalina Labouré).
Los legionarios harán muchísimo aprecio de esta medalla, que está tan íntimamente asociada con la historia de la Legión. La imagen de la Milagrosa que adornó la mesa de la primera junta no fue elegida deliberadamente con preferencia a otras, y, sin embargo, sintetizó de manera maravillosa la concepción espiritual de la organización, que nació, así, en torno de Ella.
Ya desde un principio se recomendó el uso de la medalla en el trabajo legionario. La invocación que aparece en la Medalla se dijo ya en la primera junta, y ahora la rezan diariamente todos los socios como parte integral de la catena. La Medalla es parte integral del vexillum de la Legión.
El que la Medalla esté tan íntimamente ligada con la piedad legionaria es cosa que invita a meditar. Y las consideraciones siguientes harán ver si esto es debido a circunstancias fortuitas o a la delicada y admirable disposición de la Providencia:
a) La Medalla tiene por fin extender la devoción a la Inmaculada Concepción pero también muestra a María como Medianera de todas las gracias; y, así, abarca los varios aspectos según los cuales considera la Legión a su Reina, a saber: María Inmaculada, Madre y Medianera.
La representación de la Inmaculada Concepción queda complementada por la del Corazón Inmaculado de María en el reverso de la Medalla: aquella retrata a María concebida sin pecado; ésta, a María sin pecado para siempre.
b) El reverso de la Medalla ostenta la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María. Ambos Corazones han sido invocados ya desde la primera junta de la Legión en las preces preliminares. Los dos Corazones -el uno coronado de espinas, el otro atravesado por una espada-y, encima, la Cruz y una M mayúscula: todo ello recuerda la Pasión de Jesús y la Compasión de María, aquel misterio que mereció el tesoro de gracias que los legionarios suplican tener, con el privilegio de dárselo a otros en compañía de María.
c) Por una coincidencia verdaderamente notable, el cardenal arzobispo de París comenzó la audiencia en que dio su aprobación y bendición a la Legión a la misma hora y el mismo día del primer centenario de las apariciones de la Virgen Milagrosa a Santa Catalina Labouré, que tuvieron una significación para Francia.
Podemos, pues, afirmar que la Medalla ha sido, como asimilada por la Legión, y que la misión del legionario incluye la de la Medalla. El legionario es, por decirlo así, una medalla viviente, un humilde instrumento en manos de la Virgen, para derramar sus gracias por el mundo.
Hay algunos católicos ansiosos de mostrarse avanzados, intelectuales, que desprecian esta Medalla, lo mismo que otras medallas y escapularios como si fueran supersticiones. Esta actitud de falta de respeto hacia los sacramentales aprobados por la Iglesia es una temeridad. Y además peca contra la evidencia de los hechos, porque no hay duda de que el uso de la Medalla ha sido bendecido por Dios milagrosamente.
Así como los legionarios deben considerarse como soldados, así también deben tener la Medalla Milagrosa como su arma principal. No hay que dudar de que María comunicará a su Medalla doble eficacia en manos de los legionarios.
Por medio del rito de su alistamiento en la Legión, uno queda convertido en miembro de la Asociación de la Medalla Milagrosa, sin necesidad de una inscripción oficial en ningún registro. El socio queda facultado automáticamente para lucrar todas las indulgencias otorgadas a la asociación.
La fiesta de nuestra Señora de la Medalla Milagrosa se celebra el 27 de noviembre
“María trajo al mundo a quien es la apostolicidad en persona, a Aquel que vino a encender fuego en el mundo y quiso que ardiera. El oficio de la Virgen no habría sido completo, si Ella no hubiese estado en el centro mismo de aquellas llamas de fuego que el Espíritu de su Hijo hizo descender sobre los Apóstoles, para inflamarlos con su mensaje hasta la consumación de los siglos. Pentecostés fue para María un nuevo Belén espiritual, una segunda Epifanía, en la cual, como Madre junto a la cuna del Cristo místico, le da a conocer una vez más, aunque a pastores y reyes distintos" (Obispo Fulton Sheen, El Cuerpo místico de Cristo.)

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APÉNDICE 7

LA COFRADÍA DEL SANTÍSIMO ROSARIO

1. Ésta es una asociación que une en una gran familia a los fieles que se comprometen a recitar los quince misterios del Rosario por lo menos una vez a la semana. La calidad de miembro de una familia significa que ésta ha de repartir todo entre sus miembros. Los que se incorporan a la Cofradía del Rosario quedan invitados a colocar en las manos de nuestra Señora no sólo sus rosarios, sino también el valor de todas sus obras, sufrimientos y oraciones para ser distribuidos como Ella lo considere conveniente entre los demás miembros de la familia y según las necesidades de la Iglesia. La cofradía fue fundada por el padre dominico Alan de la Roche en el año 1470. Su difusión y extensión es especial responsabilidad de la familia dominicana. Por esta razón todos los inscritos se convierten en participantes de los beneficios espirituales de la Orden.
2. El hecho de ser San Luis María de Montfort no sólo miembro de dicha cofradía, sino también fervorosísimo propagandista de la misma, habría de servir de reclamo al legionario. Todavía existe el interesante documento que sigue: "Nos, el Provincial de la Orden de Predicadores, afirmamos y declaramos por la presente que Luis María Griñón de Montfort, Hermano de nuestra Orden tercera, predica por todas partes y con gran celo, edificación y fruto la Cofradía del Rosario en todas las misiones dadas por él continuamente en ciudades y aldeas".
3. Para ser socio es menester inscribir el nombre y apellido en el registro de socios en cualquier iglesia donde se halle establecida la cofradía. Deben rezarse los quince misterios del rosario por lo menos una vez cada semana, meditando en los misterios durante el rezo. No obliga bajo pecado. El rosario diario satisface dicha obligación, y con creces. No se necesita decir los cinco misterios todos seguidos; pueden distribuirse según convenga. No hay juntas, ni suscripción obligada.
4. He aquí algunas ventajas de pertenecer a la cofradía: a) el amparo especial de nuestra Señora, Reina del Rosario; b) participación en las buenas obras y beneficios espirituales de los miembros de la orden de Santo Domingo y de la cofradía en todo el mundo; c) participación, después de la muerte, en las oraciones y sufragios ofrecidos por dichos miembros en pro de los difuntos; d) una indulgencia plenaria puede ganarse el día del alistamiento, en las fiestas de Navidad, Pascua, Anunciación (la Encarnación del Señor), La Asunción, Nuestra Señora del Rosario, Inmaculada Concepción y Presentación de nuestro Señor en el templo.
5. Aparte de las indulgencias que pueden ganarse como miembros de la mencionada cofradía, se ha concedido una indulgencia plenaria a cada cinco misterios del rosario que se recen de una vez en la Iglesia u oratorio público, o con una familia, o en una comunidad religiosa, o en la reunión de alguna asociación piadosa -y aquí estaría incluida la Legión-. Se concede una indulgencia parcial si se rezan en otras circunstancias.
6. Nuevas normas para la indulgencia: a) confesión sacramental, una sola confesión será suficiente para ganar varias indulgencias; b) la comunión eucarística, que hay que recibir cada vez que se desee ganar una indulgencia plenaria; c) orar por las intenciones del Papa, con un padre nuestro y una avemaría, u otra oración; d) se requiere también que uno esté libre de pecado, incluso de pecado venial.
“El santo rosario es la más bella flor de nuestra Orden. Si viniese a marchitarse, al mismo tiempo se marchitaría y desaparecería la belleza y lustre de nuestro instituto. Por otra parte, cuando esa flor revive, atrae sobre nosotros, sin tardar, el rocío del cielo; comunica a nuestro tronco un aroma de gracia y le hace producir frutos de virtud y honra, arraigados en la sólida piedad" (Fr. Monroy, Maestro General de la Orden de Predicadores).

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APÉNDICE 8

LA ENSEÑANZA DE LA DOCTRINA CRISTIANA

En algunos países la Cofradía de la Doctrina Cristiana ha desempeñado y sigue desempeñando una parte importante en la enseñanza de la misma. Muchos legionarios están comprometidos en la atención a dicha Cofradía y la Legión respalda plenamente ese trabajo. Siguiendo las directrices de la Dirección General Catequética (Sagrada Congregación para el Clero de 1971), existe en cada diócesis un organismo catequético que forma parte de la curia diocesana. Por medio de este organismo, el obispo, cabeza de la comunidad y maestro de la doctrina, dirige y modela todas las actividades catequéticas en la diócesis.
Es importante observar que la enseñanza de la doctrina cristiana es para todas las edades y para todos los niveles de educación, tal como especifica el Papa Juan Pablo II (CT,16).
Deseo agradeceros en nombre de la Iglesia a todos, maestros seglares de catequesis en las parroquias, que os dedicáis a la tarea de la educación cristiana de muchas generaciones, hombres y mujeres - seguramente vosotras en mayor número - del mundo entero. Vuestra labor es con frecuencia humilde y permanece oculta, pero la lleváis a cabo con ardiente y generoso celo. Es una forma eminente de apostolado seglar y especialmente importante allí donde por diversas razones, los niños y los jóvenes no reciben la adecuada enseñanza religiosa en el hogar (CT,66).
La tercera lección es que la catequesis ha sido y será siempre una labor de la cual toda la Iglesia debe sentirse responsable y debe desear asumir dicha responsabilidad. Pero los miembros de la Iglesia tienen distintas responsabilidades derivadas de la misión de cada uno de ellos. A causa de su cargo, los pastores tienen a diferentes niveles, la gran responsabilidad de promover, dirigir y coordinar las catequesis. Por su parte, el Papa tiene la conciencia viva de la responsabilidad fundamental que recae sobre él en este campo; y no sólo por razones de preocupación pastoral, sino principalmente como una fuente de alegría y esperanza (CT, 16).

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APÉNDICE 9

ASOCIACIÓN PIONERA DEL SAGRADO CORAZÓN SOBRE LA ABSTINENCIA TOTAL (VER CAPÍTULO 37)

a) Cuando un Centro Pionero existente estuviera de acuerdo con tener un praesidium adjunto a él para la promoción y el reclutamiento de estas asociaciones pioneras, al Praesidium se le facilitará todo el material de escritorio, imprenta, etc., literatura, libros de registro, certificados y emblemas, que le permita actuar como unidad autocompetente. Se requiere el pago por adelantado de este material.
b) El reclutamiento e inscripción en la Asociación Pionera podría hacerse y podría considerarse como cualquier otro trabajo propio de un praesidium.
c) Las solicitudes para formar parte de la Asociación Pionera se tramitarán en las reuniones semanales del praesidium, tal como lo hara cualquier Centro Pionero en su reunión mensual.
d)NOTA: Todas las solicitudes sobre la Asociación Pionera deberán dirigirse a: Dirección Central Asociación Pionera de abstinencia total, 27 Upper Sherrad Street, Dublín 1, Irlanda.

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APÉNDICE 10

EL ESTUDIO DE LA FE

Sin dejar sus trabajos legionarios, algunos miembros de un praesidium -o todos ellos- harían bien en dedicarse al estudio. Ciertos praesidia -los de internados, los juveniles y los que se especializan en la enseñanza de la doctrina cristiana, etc.- deberían mirarlo como cosa propia.
El espíritu intenso de oración y la piedad sólida de la Legión son una base admirable para el estudio, y supera los inconvenientes que pueda haber en él. Los presumidos, los hinchados con su saber, y otros que, atraídos por el estudio, quisieran entrar en la Legión sólo para perturbar y luego salirse, verán cómo su sistema les rechaza. En cambio, la Legión influirá de tal modo en los demás, que les hará perseverar aun después de evaporada la novedad del estudio.
Además, el feliz éxito del estudio estará garantizado, porque se emprenderá en espíritu de unión con Aquella cuya humildad y sencillez en buscar la verdad servirá siempre de modelo perfecto a todos los hombres entregados a la adquisición de la ciencia. ¿Cómo será esto?, preguntó el ángel (Lc 1,34); y luego, como respuesta, se le dio Aquel que es la misma Sabiduría divina, la Verdad eterna, la Luz verdadera. Y María sigue siendo la depositaria de este tesoro: a Ella, pues, han de acudir cuantos deseen enriquecerse con Él. Los legionarios mirarán la junta semanal de su praesidium como un reunirse en torno de su tierna Madre, un entrelazar sus manos con las de Ella, repletas de los tesoros de sabiduría que ellos buscan.
Así, el legionario emprenderá el estudio con espíritu de piedad, y no como si fuera mero ejercicio intelectual. Otra característica es que el estudio no se hará a base de conferencias, pues, las conferencias no encajan con el modo de ser del praesidium; pero además por la natural tendencia a aflojar, cuando uno o dos se encargan de todo el trabajo con responsabilidad exclusiva, como sucede en las conferencias; y finalmente porque en la práctica, las conferencias suelen estar preparadas y dictadas según el máximo alcance intelectual del auditorio, y la mayoría de éste las siguen con dificultad. Y el resultado es que, como no se entienden las cosas más que a medias, se olvidan pronto. Es mucho mayor de lo que suele suponerse el número de los que escuchan una conferencia erudita con aparente interés y respetuosa atención, quedándose luego completamente en ayunas.
Usando el método legionario, el socio no tiene por qué aflojar ni un momento. Cada cual a requerimiento del presidente, da razón del estudio que haya hecho. De este modo se consigue - con diferentes grados, pero con igual intensidad - que todos y cada uno de los miembros tomen responsablemente parte en los esfuerzos que, en el sistema de conferencias, vendrían a pesar enteramente sobre el conferenciante. El socio no es sólo oyente: su actitud mental es activa, no pasiva; trabaja, y su progreso queda apoyado en el buen criterio y vigilancia de la autoridad.
Los legionarios darán sentados sus informes sobre el trabajo de estudio, con el libro delante y, si quieren, con los apuntes que hayan preparado. Nada hay en torno que venga a quitarles la confianza. Usarán palabras de su propia cosecha, y comunicarán a los otros sus pensamientos y dificultades en lenguaje sencillo y familiar. Después de cada informe, los demás socios podrán hacer algún comentario o pregunta, y se pasará al informe siguiente.
La junta avanzará, no con la velocidad del auto que rueda sobre la superficie, sino como el arado y el trillo, surcando la tierra trabajosamente, para desmenuzarla. Después de cavar y ahondar una misma materia con los sucesivos informes, sin duda los socios lo habrán entendido perfectamente, grabándoselo bien en la memoria.
La labor de estudio forma parte integral del trabajo total del praesidium, y necesariamente ha de estar imbuido del espíritu emprendedor que anima a la Legión, impulsando a los socios a hacer uso práctico de sus conocimientos.
Aquellos praesidia que hayan adelantado en el estudio deberán pensar en organizar clases y fundar obras para la enseñanza y divulgación de la doctrina cristiana, adoptando todos los medios a su alcance, a fin de repetir el rico caudal de conocimientos que hayan atesorado. En los mismos legionarios, sus compañeros, procurarán implantar un deseo más arraigado de estar bien formados en la fe. Pero esta ciencia que posee la Legión debe llegar a ser patrimonio del público en general, y es preciso difundirla a través de los múltiples puntos de contacto de su apostolado, dando así pasos progresivos hacia "la curación de la más vergonzosa llaga de los pueblos católicos: la ignorancia de su divina religión" (Pío XI, Motu proprio del 29 de junio de 1923)
El primer libro de estudio ha de ser el Manual de la Legión, como base esencial para todo legionario. Si no se comprende bien el reglamento legionario, no podrán aplicarse acertadamente los métodos de la Legión, ni al estudio ni a ninguna otra empresa. Todos miran como una insensatez pretender construir una casa sin preocuparse de los cimientos; igualmente fútil sería querer levantar el edificio del estudio cimentándolo sobre los métodos legionarios, sin dar a este fundamento la solidez que sólo un conocimiento perfecto de los mismos puede proporcionar.
Otras ramas del saber que más provechosamente podrán estudiarse, bajo la vigilancia del director espiritual, son: dogma y apologética, Sagrada Escritura, sociología, liturgia, historia de la Iglesia, teología moral.
Debiera señalarse para el estudio una parte determinada de la junta - después de la allocutio, por ejemplo -. Y se debe prestar especial cuidado a esta parte de la agenda, dándole forma concreta y estricta, sin permitir que degenere en disputas incoherentes.
En cada junta se determinarán los puntos que los socios deben traer estudiados en la junta siguiente. A este trabajo se dedicarán los socios con un empeño y constancia dignos del nombre de legionario, superando la tendencia natural a dejarse llevar insensiblemente por el abandono, hasta hacer las cosas con una negligencia que no deja de ser culpable. Y esto, aunque el estudio mismo no tenga otros testigos que los del cielo, y aunque sea fácil dar un informe regular aun sin haber estudiado más que a medias: son muy distintos el praesidium y la escuela.
Todos, uno a uno, darán cuenta del estudio hecho durante la semana anterior: podrán presentar sus dificultades sobre los puntos estudiados, pero no aquéllas cuya solución hallarían ellos mismos con un pequeño esfuerzo más que hicieran.
Se animará a los miembros a valerse por sí mismos en todo lo que está a su alcance, y a poner de su parte el máximo esfuerzo. Evítese en las discusiones cualquier digresión inútil o inoportuna, y meterse en cuestiones demasiado profundas, o que puedan conducir al error, o que no vengan al caso. El director espiritual será el principal sostén del praesidium en todas estas materias.
Repitámoslo con insistencia: cada socio desempeñará su obligación de trabajo semanal solamente si ejecuta cada semana una labor activa y sólida. No se cumple, ni siquiera en parte, con el estudio.

“ ¡Cuán estrechamente aliadas están la pureza y la luz! Las almas más puras son aquellas a quienes Dios da más luz. Por eso, entre todas las criaturas, la Virgen Santísima es la más resplandeciente de luz. De Ella se ha dicho que ilumina a los mismos ángeles. Pero también ilumina a los hombres, y la Iglesia la llama Sede de la Sabiduría. Por eso nuestros estudios, nuestras contemplaciones y nuestra vida entera deben ir gravitando más y más sobre aquella Mujer, entre todas la más bendita, la Madre de la Luz de Luz, el Verbo hecho carne; porque Dios ha revestido del mismo Sol a aquella criatura incomparable, y la ha puesto para que irradie la Luz sobre el universo mundo y sobre toda alma dispuesta a abrirse para recibirla" (Sauvé, María íntima).

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APÉNDICE 11

SÍNTESIS MARIANA, QUE PRESENTA LO MÁS GRAVEMENTE POSIBLE EL PAPEL MARAVILLOSO DE COLABORACIÓN CONFIADO A MARÍA EN LA ECONOMÍA TOTAL DE NUESTRA SALVACIÓN. SI SE QUIERE, PUEDE UTILIZARSE EN EL ACIES COMO ACTO COLECTIVO DE CONSAGRACIÓN, O -SI SE OMITE EL PRIMER PÁRRAFO- EN OTRAS OCASIONES.

Reina Nuestra, Madre nuestra:
La pausa momentánea delante de tu estandarte nos dio tiempo sólo para una declaración breve de nuestro amor.
Ahora tenemos más libertad para dejar que nuestros corazones se expansionen, y conviertan ese pequeño acto de consagración en una profesión más plena de nuestra fe en ti.
Nos damos cuenta de la inmensidad de nuestra obligación para contigo. Tú nos diste a Jesús, fuente de todo nuestro bien.
Si no fuera por ti, estaríamos todavía en la tiniebla de un mundo perdido, de un mundo bajo la antigua sentencia de muerte. De aquel extremo de miseria ha querido rescatarnos la divina Providencia. Fue de su agrado hacer uso de ti en ese misericordioso designio, asignándote una parte que no podía ser más noble.
Aunque dependiente en absoluto del Redentor, tú fuiste constituida su compañera, acercándote a Él más que criatura alguna, y hecha indispensable para su obra.
Desde toda la eternidad estabas tú con Él en la intención de la Santísima Trinidad, participando en su destino: preconizada con Él en la primera profecía, como la Mujer de quien Él nacería; asociada a Él en las súplicas de cuantos esperaban su advenimiento; unida con Él por la gracia mediante tu Inmaculada Concepción, que portentosamente te redimió; acompañándole en todos los misterios de su vida mortal, desde el mensaje del ángel hasta la Cruz; establecida con Él en la gloria por tu Asunción; sentada a su lado en su trono y administrando con Él el reino de la gracia.
Entre todo el género humano, eras tú la única bastante pura y fuerte en la fe y en el espíritu para ser la nueva Eva, que, con el nuevo Adán, se tomaría el desquite de la Caída.
Tu oración, llena ya del Espíritu Santo, trajo a Jesús a la tierra. Tu voluntad y tu carne le concibieron. Tu leche le nutrió tu amor sobrehumano le envolvió, y le hizo crecer en años, y en fuerza y sabiduría. Tú, en verdad, moldeaste a quien te hizo a ti.
Y, al llegar la hora ordenada para el sacrificio, tú, en el calvario, entregaste libremente al divino Cordero a su misión y muerte redentora, sufriendo con Él la plenitud del dolor, semejante al suyo.
Dolor tal, que hubieras muerto juntamente con Él si no estuvieras reservada para poder velar sobre la Iglesia naciente.
Habiendo sido por todo el curso de la redención su ayudante indispensable, no has sido menos necesaria para Él en la economía cristiana. Tu maternidad se extendió para recibir a todos aquellos por quienes Él había muerto. Haces el oficio de Madre para la humanidad, lo mismo que para Él, porque somos uno en Él. Cada hombre queda encomendado a tus pacientes desvelos, hasta que, por fin, lo engendras tú a la vida eterna.
Así como fue ordenado - para el cumplimiento del plan de nuestra salvación - que tú fueses instrumento en cada una de sus partes, así se ordenó que tú estuvieras incluida en nuestro culto.
Hemos de apreciar lo que tú has hecho, y mediante nuestra fe, nuestro amor, nuestro servicio, hemos de procurar reconocerte debidamente. Habiendo declarado de este modo la magnitud y la dulzura de nuestra deuda para contigo, ¿qué más hay que decir, sino repetir de todo corazón: “Somos todo tuyos, Reina nuestra, Madre nuestra, y, cuanto tenemos, tuyo es"?

"Es esta la primera vez que un Concilio Ecuménico haya presentado una síntesis tan extensa de la doctrina católica acerca del lugar que ocupa María Santísima en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Pero tal síntesis está en conformidad con el fin que se había propuesto el Concilio de manifestar el semblante de la santa Iglesia. Pues María está unida a la Iglesia con los más estrechos vínculos. Como se ha dicho magníficamente: "Ella es la parte grandiosa de la Iglesia, la mejor parte, la parte especial y acogida" (Ruperto de Apoc).
Verdaderamente, la realidad de la Iglesia no consiste solamente en su estructura jerárquica, su liturgia, sus sacramentos, sus declaraciones jurídicas. Su esencia más profunda, la primera fuente de su eficaz poder de santificación, hay que buscarla en su unión mística con Cristo. Esta unión no puede considerarse divorciada de aquella que es la Madre del Verbo Encarnado, a quien Jesucristo quiso unirse tan íntimamente para realizar nuestra salvación. Lo cual explica por qué, en esa perspectiva de la Iglesia, es preciso insertar la amorosa contemplación de las maravillas que Dios ha obrado en su santa Madre. El conocimiento de la doctrina ortodoxa católica acerca de María será siempre la clave para la recta comprensión del misterio de Cristo y de la Iglesia.
Siendo esto así, proclamamos a María santísima la Madre de la Iglesia; es decir, de todo el pueblo de Dios, de los fieles y de sus pastores" (Papa Pablo VI Discurso sobre el Concilio Vaticano II). (Esta cita no forma parte de la Síntesis)

Manual de la Legión de María

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