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LA VISITA DE MARÍA
A SANTA ISABEL
Por
Emma-Margarita R.
A.-Valdés
Traspasas la llanura de Esdrelón
y las montañas de Jerusalén,
en tu vientre se mece el dulce
Bien,
y llegas a Ain-Karín, cerca de
Hebrón.

En Isabel estalla la emoción:
¡Bendita tú y el fruto de
Belén!,
rendidamente has pronunciado
amén
y eres cauce de eterna
salvación.

El hijo que Isabel espera ansiosa
afirma, desde el seno, la
existencia
del Mesías, que en tu interior
reposa.

E Isabel te declara fiel,
dichosa,
en ti se complació la
Providencia
por tu "fiat", tu
ofrenda generosa.
Desbordante de fe y de valentía,
aceleradamente vas a darte,
a servir, a ayudar, a sincerarte,
a derramar cariño, cortesía.

Es encuentro de gozo, de
alegría.
Isabel se conmueve al abrazarte.
Tú alabas al Señor por
desposarte.
¡Estás llena de Dios, de
Eucaristía!.

Isabel, por milagro, va a ser
madre
del Precursor, profeta del
Altísimo,
que mostrará el sendero del
perdón.

Tú proclamas la majestad del
Padre,
en ti se da
misericordiosísimo,
y es tu carne la cuna de su don.
Una explosión de luz, de
claridad,
una confirmación de profecías,
palabras de David y de Isaías,
brotan de vuestros labios con
piedad.

Tú, María, adelantas la verdad
que viene a revelar tu hijo, el
Mesías,
más allá de las mil teologías
que excluyen la indulgencia y la
bondad.

Son ecos, resonancias del pasado,
compendiados en Santas
Escrituras,
predicciones del Bienaventurado.

Son memorias del pueblo
sojuzgado.
Se van a terminar sus desventuras
cuando el Reino pascual sea
instaurado

Emma-Margarita R.
A.-Valdés

Del libro "Antes
que la luz de la alborada, tú, María"
Libros de Emma-Margarita R. A.-Valdés
Navidad Contenido
Virgen
María
Santo
Rosario
Forma
de rezar el Santo Rosario
Poesía
trascendental

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