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ACUÉRDATE DE MÍ

Estás
ajusticiado, en un madero,
humillado,
herido, moribundo,
tu imagen
derrotada,
mas tu gracia
traspasa al buen ladrón
y entiende tu
misión y tu deidad.
Te suplica con fe
perdón, piedad.
Comprende que ha pecado.

Tu corazón,
transido de dolor,
acoge el
sufrimiento del extraño,
tu caridad
inmensa
perdona al
pecador
y le lleva al
eterno paraíso.

¿Sabré
reconocerte
en el trance
final de mi existencia?
¿Lograré
arrepentirme
de mi falta de fe
y de caridad?
Acuérdate de mí,
lléname de tu
gracia.
y, como al buen
ladrón,
perdona mis
pecados
y llévame contigo
al paraíso.

EN MI FRONTERIZO
INSTANTE

¡Qué grande es mi
desventura!
No creo en tu
gran poder,
mi pregunta te
conjura
a no cumplir tu
deber,
a que el Padre de
la Altura
te libre de
perecer.

No hace así mi
compañero
que sufriendo su
condena,
como un triste
pordiosero
pide le libres de
pena
y del Reino sea
heredero.
¡Tú le das
salvación plena!

En mi fronterizo
instante,
cuando llegue mi
final
con mi cuerpo
agonizante,
te ruego que en
ese umbral
tu gracia
santificante
me dé la paz
celestial.

Por tu Pasión y
muerte y tu perdón,
indulta mi maldad
y llévame contigo
hacia a la gloria,
a la mansión
celeste en la que vives.

Confío, mi Señor,
en tu Palabra,
por el amor que
en sangre tú derramas.
email del autor:
universo@universoliterario.net


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