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EN MI ÚLTIMO
MOMENTO

Te entregaste
hasta el final,
soportaste la
Pasíón,
nos liberaste del
mal,
nos diste la
salvación.
Tu espíritu es
inmortal
y regresa a su
mansión.
Permaneces fiel,
leal,
a tu sagrada
misión
y eres limpio
manantial
por tu celestial
unción.
Estás aquí hasta
el final
en la Santa
Comunión.

Mis pecados
redime tu martirio.
¡Ayúdame a ser
fiel, lo necesito!

Que jamás te
abandone
por el fausto del
mundo y sus honores.
Triste y
arrepentido
al Cristo de la
Sangre pido auxilio.
Señora del
Calvario,
tu dolor es
debido a mi pecado.
Por la Cruz de
Pasión vivo contrito
y ante ella me
consagro y me arrodillo
Cristo, la
Redención se ha consumado,
divino
sacrificio, sobrehumano.
Invoco tu perdón
desde la
aflicción del pecador.

Mis pecados
redime tu martirio.
¡Ayúdame a ser
fiel, lo necesito!

Que en mi
terminal momento
mi servicio esté
cumplido,
que multipliqué
el talento
que en la vida me
has cedido,
que acaté tu
mandamiento
que siempre te he
obedecido,
que tu divino
alimento
con fervor he
recibido
y que de mi
alejamiento
esté muy
arrepentido.

Mis pecados
redime tu martirio.
¡Me libras de la
pena, del castigo!

CAE LA TARDE
Cae la tarde.
Sobre el monte
que espera silencioso
se perfilan tres
cruces en un rojo horizonte.

Un Dios
sangrante, agónico, proclama,
desde el
madero-altar,
que todo se ha
cumplido.
Es el Hijo, el
ungido, que obediente
acata
sufrimientos que su padre
permite
para ultimar la
alianza con los hombres.

La Cruz es el
altar donde Cristo se inmola,
y lleva a
plenitud la salvación
de las almas.
El viento de la
gracia
derriba las
barreras del pecado,
arrasa los
confines de la muerte
y abre la Vida
eterna.

Lo que las
profecías anunciaban
se ha cumplido.
email del autor:
universo@universoliterario.net


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