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MANANTIAL DE MISERICORDIA
Sobre el Evangelio de San Juan,
capítulo V
Por:
Emma-Margarita R. A.-Valdés
  
Jesús
va a Betzatá,
al
manantial de la
misericordia.
Allí
esperan curarse de sus males
cuando
la fuente brota
y el
agua del recinto se remueve
señalando las horas.
Jesús,
el agua viva,
atiende a un paralítico, que no osa
meterse en la piscina,
pues
sabe que sus piernas le demoran.
El
poder salvador de Jesucristo
es
fuerza creadora.
Con el
consentimiento del enfermo,
le
cura y le perdona.
Como
el Padre, de trabajar no cesa,
el
sábado no es óbice en su historia.
Los
judíos le tachan de blasfemo
y a su
igualdad con Dios, de sospechosa.
Jesús,
con este signo,
muestra su unión con Dios, que está en
sus obras.
  
Emma-Margarita R. A.-Valdés
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