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Escalamos abismos
infernales
por
las rocas hiriente del dolor
tras
la felicidad;
esperamos
vergeles en las cumbres
y
abrazamos la mágica visión
de
la paz terrenal.
Esa
paz que sentimos extranjera
por
nuestro sueño inútil con paisajes
de
un edén irreal;
ansiamos
fantasías infantiles
y
bailamos con pálidas, sensuales,
sirenas
en el mar.
Huyamos
del fragor del oleaje
del
miedo, de la angustia, del temor
a
un trágico vagar;
del
pánico del hombre que ha perdido
su
antiguo paraíso y en el sol
engendró
oscuridad.
¡Vayamos
al encuentro de la vida!,
nos
esperan exóticas riberas
de
un reino espiritual;
hay
un remanso lúcido, un enclave,
un
lugar que se alcanza con la entrega
de
amor, de caridad.
  
Emma-Margarita
R. A.-Valdés
 
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