¿Son pocos los que se salvan?: Lc 13,22-35

 

Del libro "VERBO y verso"

Por

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 

 

 
 

¡ÁBREME!

 

Seguiré tu camino de espinares

hasta la puerta estrecha de tu cielo,

dejaré sin penar mis viejos lares,

sin volverme hacia atrás y sin recelo.

 

Andaré tras de ti por tus lugares

a encontrar lo que en mi interior anhelo.

Ocuparás mis lúgubres solares,

descorrerás mi mortecino velo.

 

Con tu martirio alcanzarás la palma.

Soy el último ser, el más modesto

entre tus servidores de la tierra.

 

¡Ábreme!, no permitas pierda mi alma.

Yo iré a Jerusalén, estoy dispuesto

a tomar parte en tu divina guerra.

 

 

BENDITO REY DEL UNIVERSO

 

Atraviesas abismos y montañas

iluminando al hombre oscurecido

por sombras del ambiente.

Cruzas el tiempo hasta el instante actual

a desterrar las sombras

que proyectan los medios y los mandos.

 

Hay una puerta estrecha

que sólo pasarán los elegidos,

no así los que cometen injusticias.

Es la puerta de entrega, de holocausto,

la puerta del amor.

 

Vengo de todas partes a encontrarte,

a traspasar la puerta de la Vida.

No digas, mi Señor, no me conoces,

mencióname en tus labios generosos      

e invítame al banquete de tu gloria.

 

Te buscan para siervo expiatorio

de la vileza humana.

Lo sabes, pero sigues

atravesando abismos y montañas

con tu Verbo y tu Luz.

 

Cúbreme con tus alas,

ave fénix,

paloma de la paz.

¡Que llegue el día en el que pueda verte!

Eres bendito Rey del universo.

¡Reina, Señor, en mi agostada hacienda!


 

Emma-Margarita R. A.-Valdés

email del autor: universo@universoliterario.net


 

 

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