|
¡ÁBREME!
Seguiré tu camino
de espinares
hasta la puerta
estrecha de tu cielo,
dejaré sin penar
mis viejos lares,
sin volverme hacia
atrás y sin recelo.

Andaré tras de ti
por tus lugares
a encontrar lo que
en mi interior anhelo.
Ocuparás mis
lúgubres solares,
descorrerás mi
mortecino velo.

Con tu martirio
alcanzarás la palma.
Soy el último ser,
el más modesto
entre tus
servidores de la tierra.

¡Ábreme!, no
permitas pierda mi alma.
Yo iré a
Jerusalén, estoy dispuesto
a tomar parte en
tu divina guerra.

BENDITO REY DEL
UNIVERSO
Atraviesas abismos y montañas
iluminando al hombre oscurecido
por sombras del ambiente.
Cruzas el tiempo hasta el instante actual
a desterrar las sombras
que proyectan los medios y los mandos.

Hay una puerta estrecha
que sólo pasarán los elegidos,
no así los que cometen injusticias.
Es la puerta de entrega, de holocausto,
la puerta del amor.

Vengo de todas partes a encontrarte,
a traspasar la puerta de la Vida.
No digas, mi Señor, no me conoces,
mencióname en tus labios generosos
e invítame al banquete de tu gloria.

Te buscan para siervo expiatorio
de la vileza humana.
Lo sabes, pero sigues
atravesando abismos y montañas
con tu Verbo y tu Luz.

Cúbreme con tus alas,
ave fénix,
paloma de la paz.
¡Que llegue el día en el que pueda verte!
Eres bendito Rey del universo.
¡Reina, Señor, en mi agostada hacienda!
  
Emma-Margarita R. A.-Valdés
email del autor:
universo@universoliterario.net
  
|