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Durante el siglo XV
ocurrieron en Austria muchos robos de Hostias
consagradas. Por este motivo, los religiosos del
lugar crearon la costumbre de conservar las
Partículas en la sacristía. A pesar de estas
precauciones, en la iglesia parroquial de Weiten, un
ladrón logró entrar en la sacristía para apoderarse
de una Hostia consagrada. La escondió en uno de sus
guantes y montó en su caballo para dirigirse al
pueblo vecino de Spitz. Decidió evitar la vía
principal tomando la que pasa a través de la fosa de
Mühldorf, conocida como «Am Schuß». Cuando se
encontró en el punto en el que hoy se yergue la
iglesia construida en honor al Milagro, el caballo
se detuvo y no quiso dar un paso más, a pesar de los
golpes del látigo. Algunos obreros que trabajaban en
los campos se acercaron para ayudar, pero el caballo
estaba como petrificado. De pronto, el animal partió
al galope junto con el dueño y sin que éste se diese
cuenta, la Hostia resbaló del guante y cayó en la
tierra.
Algunos días después,
la señora Scheck de Mannersdorf se encontraba
pasando por el mismo camino, cuando vio que cerca a
unas matas brillaba una fortísima luz en cuyo centro
estaba la Hostia. La mujer la recogió y maravillada
notó que ésta se hallaba fraccionada en dos partes,
unidas solamente por unos filamentos de carne
sangrante. Conmovida por este Prodigio, hizo
construir en ese mismo lugar una pequeña capilla
como signo de gratitud. La noticia se difundió
rápidamente y el lugar se convirtió pronto en meta
de peregrinaje. Poco después, se hizo necesario
construir una iglesia para poder acoger al número
cada vez más creciente de peregrinos que se
acercaban para venerar la Preciosa Reliquia. |