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En 1597, un ladrón arrepentido buscó la
confesión en la iglesia de los Jesuitas de Alcalá.
Declaró que formaba parte de una banda de moros. Vivían
refugiados en los montes y se dedicaban a saquear
iglesias y robar custodias y objetos sagrados en los
pueblos, convirtiéndose así en verdaderos sacrílegos. El
arrepentido llevaba consigo algunas Hostias consagradas
para devolverlas entre lágrimas al confesor. El
sacerdote, conmovido, se dirigió inmediatamente al
superior para informar lo sucedido.
Al inicio, se decidió que las Hostias
serían consumadas durante una Misa; pero luego, temiendo
que las Hostias fueran envenenadas, como ya había
sucedido poco tiempo atrás en Murcia y Segovia, se pensó
en conservarlas en un cofre de plata y esperar que se
descompusieran naturalmente.
Once años después, las veinticuatro
Partículas fueron encontradas intactas. El padre Luis de
la Palma, hombre de gran virtud, siendo el Provincial,
ordenó que las Hostias fuesen trasladadas a un sótano,
junto con algunas hostias no consagradas.
Meses después, las hostias no consagradas
se descompusieron por la humedad; en cambio, las que
eran consagradas permanecieron íntegras.
Sólo luego de seis años, el padre de la
Palma decidió hacer público el Milagro de las Hostias
que se habían conservado intactas.
Mientras tanto, se añadieron otros
exámenes por parte del catedrático y médico personal del
rey, García Carrera; como también las intervenciones de
teólogos ilustres que consideraron la integridad de las
Hostias como un verdadero Milagro.
En 1619 las autoridades eclesiásticas
otorgaron el permiso oficial para su culto. Las Santas
Hostias fueron adoradas públicamente por el mismo rey
Felipe III, quien en 1620 presidió una solemne
procesión, acompañado por toda la familia real.
Las santas Partículas fueron trasladadas
a la iglesia mayor en la época en que Carlos III expulsó
a los Jesuitas de España.
En 1936 las Hostias milagrosas fueron
prudentemente escondidas por unos sacerdotes, que poco
después serían asesinados por los revolucionarios
comunistas que incendiaron la iglesia.
Hasta hoy no se ha logrado encontrar el
lugar del escondite a pesar de que se han realizado
muchas investigaciones en la iglesia como en la cripta.
Un erudito biógrafo de la ciudad, don
Anselmo Raymundo Tornero, ha escrito un volumen con la
descripción minuciosa de los datos históricos del
Milagro.
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