CALENDARIO LITÚRGICO

TIEMPOS LITÚRGICOS

Marzo año 2008

Textos de los Evangelios de la liturgia y poesías relacionadas con ellos

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Marzo:

(Día 1, marzo, sábado, Lc 18,9-14)

Lucas 18,9-14 - "El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no" - En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: "Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo." El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador." Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido".

Es oración

Padre

Padre nuestro

Quiero hacer con mi vida una oración

Tu amor

El yugo de la arcilla

(Día 2, marzo, domingo, jn 9,1-41)

Juan 9,1-41 - "Fue, se lavó, y volvió con vista" - Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: "Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?" Respondió esús: "Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios.  Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo"  Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: "Vete, lávate en la piscina de Siloé" (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo. Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: "¿No es éste el que se sentaba para mendigar?"  Unos decían: "Es él". "No, decían otros, sino que es uno que se le parece." Pero él decía: "Soy yo."  Le dijeron entonces: "¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?" El respondió: "Ese hombre que se llama Jesús, izo barro, me untó los ojos y me dijo: "Vete a Siloé y lávate." Yo fui, me lavé y vi."  Ellos le dijeron: "¿Dónde está ése?" El respondió: "No lo sé"  Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego. Pero era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. El les dijo: "Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo"  Algunos fariseos decían: "Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado." Otros decían: "Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?" Y había disensión entre ellos. Entonces le dicen otra vez al ciego: "¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?" El respondió: "Que es un profeta"  No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista y les preguntaron: "¿Es éste vuestro hijo, el que decís e nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?" 0 Sus padres respondieron: "Nosotros sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego. Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo" Sus padres decían esto por miedo por los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: "Edad tiene; preguntádselo a él" Le llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: "Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador." Les respondió: "Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo"  Le dijeron entonces: "¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?" El replicó: "Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?" Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: "Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es." El hombre les respondió: "Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad, a ése le escucha. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada." Ellos le respondieron: "Has nacido todo entero en pecado ¿y nos da lecciones a nosotros?" Y le echaron fuera. Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: "¿Tú crees en el Hijo del hombre?" El respondió: "¿Y quién es, Señor, para que crea en él?" Jesús le dijo: "Le has visto; el que está hablando contigo, ése es" El entonces dijo: "Creo, Señor." Y se postró ante él. Y dijo Jesús: "Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos" Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: "Es que también nosotros somos ciegos?" Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: "Vemos" vuestro pecado permanece".

Evangelio de San Juan - Cap. IX. Jn 4,1-41

(Día 3, marzo, lunes, Jn 4,43-54)

Juan 4,43-54 - "Anda, tu hijo está curado" - En aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había hecho esta afirmación: "Un profeta no es estimado en su propia patria." Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo: "Como no veáis signos y prodigios, no creéis." El funcionario insiste: "Señor, baja antes de que se muera mi niño." Jesús le contesta: "Anda, tu hijo está curado." El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: "Hoy a la una lo dejó la fiebre." El padre cayó en la cuenta de que ésa era la hora cuando Jesús le había dicho: "Tu hijo está curado." Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

Evangelio de San Juan - Cap. IV. Jn 4,1-54

(Día 4, marzo, martes, Jn 5,1-3.5-16)

Juan 5,1-3.5-16 - "Al momento aquel hombre quedó sano" -  En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: "¿Quieres quedar sano?" El enfermo le contestó: "Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado." Jesús le dice: "Levántate, toma tu camilla y echa a andar." Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.

Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: "Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla." El les contestó: "El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar." Ellos le preguntaron: "¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?" Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: "Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor." Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

Evangelio de San Juan - Cap. V. Jn 5,1-47

(Día 5, marzo, miércoles, Jn 5,17-30)

Juan 5,17-30 - "Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere" - En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: "Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo." Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo: "Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro asombro. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió. Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida. Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

Evangelio de San Juan - Cap. V. Jn 5,1-47

Es sábado, Señor

Tu sonido

(Día 6, marzo, jueves, Jn 5,31-47)

Juan 5,31-47 - "Hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza" - En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: "Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su semblante, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis. Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése sí lo recibiréis. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?" .

Evangelio de San Juan - Cap. V. Jn 5,1-47

Juan Bautista

Juan abrió las veredas

Él es...

Gotas de fe

(Día 7, marzo, viernes, Jn 7,1-2.10,25-30. El Cristo de Medinaceli)

Juan 7,1-2.10.25-30 - "Intentaban agarrarlo, pero todavía no había llegado su hora" - En aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las tiendas. Después que sus parientes se marcharon a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.

Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: "¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene." Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: "A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha enviado." Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

Evangelio de San Juan - Cap. VII. Jn 7,1-53

A Cristo

Su martirio es Palabra de Dios

(Día 8, marzo, sábado, Jn 7,40-53)

Juan 7,40-53 - " ¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? " - En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían: "Éste es de verdad el profeta". Otros decían: "Éste es el Mesías." Pero otros decían: "¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?" Y así surgió entre la gente una discordia por su causa. Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima. Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: "¿Por qué no lo habéis traído?" Los guardias respondieron: "Jamás ha hablado nadie como ese hombre." Los fariseos les replicaron: "¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos". Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: "¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?" Ellos le replicaron: "¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas". Y se volvieron cada uno a su casa.

Evangelio de San Juan - Cap. VII. Jn 7,1-53

(Día 9, marzo, domingo, Jn 11,1-45)

Juan 11,1-45 - "Yo soy la resurrección y la vida" - En aquel tiempo, [un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro].  Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo: "Señor, tu amigo está enfermo." Jesús, al oírlo, dijo: "Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella." Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: "Vamos otra vez a Judea". [Los discípulos le replican: "Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?" Jesús contestó: "¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz. Dicho esto, añadió: "Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo." Entonces le dijeron sus discípulos: "Señor, si duerme, se salvará." Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente: "Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa." Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: "Vamos también nosotros y muramos con él"].  Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. [Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano.] Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá." Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará." Marta respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último día." Jesús le dice: "Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?" Ella le contestó: "Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo". [Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: "El Maestro está ahí y te llama." Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano"]. Jesús, [viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban,] sollozó y, muy conmovido, preguntó: "¿Donde lo habéis enterrado?" Le contestaron: "Señor, ven a verlo." Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: "¡Cómo lo quería!" Pero algunos dijeron: "Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?" Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús: "Quitad la losa." Marta, la hermana del muerto, le dice: "Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días." Jesús le dice: "¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?" Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: "Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado." Y dicho esto, gritó con voz potente: "Lázaro, ven afuera." El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: "Desatadlo y dejadlo andar".  Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. 

Evangelio de San Juan - Cap. XI. Jn 11,1-57

(Día 10, marzo, lunes, Jn 8, 1-11)

Juan 8, 1-11 - "El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra" - En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?". Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: "El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra". E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó sólo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: "Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?" Ella contestó: "Ninguno, Señor". Jesús dijo: "Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más".

Evangelio de San Juan - Cap. VIII. Jn 8,1-59

Alborada del perdón

Diluvio del perdón

(Día 11, marzo, martes,  Jn 8,21-30)

Juan 8,21-30 - "Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy" - En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: "Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros." Y los judíos comentaban: "¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: "Donde yo voy no podéis venir vosotros"?" Y él continuaba: "Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis por vuestros pecados: pues, si no creéis que yo soy, moriréis por vuestros pecados". Ellos le decían: "¿Quién eres tú?" Jesús les contestó: "Ante todo, eso mismo que os estoy diciendo. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él". Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús: "Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada." Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

Evangelio de San Juan - Cap. VIII. Jn 8,1-59

Su martirio es Palabra de Dios

¡Hágase tu voluntad!

Nadie es profeta en su tierra

No importa

Él es...

Tengo fe

(Día 12, marzo, miércoles, Jn 8, 31-42)

Juan 8, 31-42 - "Si el Hijo les da la libertad, serán realmente libres" - En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos que habían creído en él: Si permanecéis fieles a mi palabra, vosotros seréis verdaderamente mis discípulos; así conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.
Ellos le respondieron: Somos descendientes de Abrahán; nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Qué significa eso de que seremos libres?.
Jesús les contestó: Yo os aseguro que todo el que comete pecado es esclavo del pecado. Pero el esclavo no permanece para siempre en la casa, mientras que el hijo sí. Por eso, si el Hijo les da la libertad, serán verdaderamente libres. Ya sé que son descendientes de Abrahán. Sin embargo, quieren matarme, porque no aceptan mi enseñanza. Yo hablo de lo que he visto hacer a mi Padre; sus acciones, en cambio, ponen de manifiesto lo que han oído a su padre.
Ellos le dijeron: Nuestro padre es Abrahán.
Jesús contestó: Si fueran de verdad hijos de Abrahán, harían lo que él hizo. Vosotros queréis matarme, que les he dicho la verdad que aprendí de Dios mismo. Abrahán no hizo nada semejante. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.
Le respondieron: Nosotros no somos hijos ilegítimos. Dios es nuestro único padre.
Jesús les dijo entonces: Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais, porque yo salí de Dios y he venido de parte suya. No he venido por mi propia cuenta, sino que Dios me envió.

Evangelio de San Juan - Cap. VIII. Jn 8,1-59

La verdad está penalizada

La libertad

Somos libres

Naciste libre

La cenia

(Día 13, marzo, jueves, Jn 8, 51-59)

Juan 8, 51-59 - "Vuestro padre Abrahán se regocijaba con el pensamiento de verme" - En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos: Yo les aseguro que el que pone en práctica mi palabra, no morirá nunca.
Al oír esto, los judíos le dijeron: Ahora nos convencemos plenamente de que estás endemoniado. Tanto Abraham como los profetas murieron, y ahora tú dices: El que pone en práctica mi palabra no experimentará la muerte para siempre. ¿Acaso eres tú más importante que nuestro padre Abraham? Tanto él como los profetas murieron, ¿por quién nos tienes?
Jesús respondió: Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría; es mi Padre quien me glorifica, el mismo del que vosotros decís: Es nuestro Dios. En realidad no lo conocéis; yo, en cambio, sí lo conozco. Y si dijera que no lo conozco, sería tan mentiroso como vosotros. Pero yo lo conozco de veras y pongo en práctica sus palabras. Abrahán, vuestro padre, se alegró sólo con el pensamiento de que iba a ver mi día; lo vio y se llenó de alegría.
Entonces los judíos le dijeron: ¿De modo que tú, que aún no tienes cincuenta años, has visto a Abraham?.
Jesús les respondió: Os aseguro que antes que Abraham naciera, yo soy.
Entonces los judíos tomaron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Evangelio de San Juan - Cap. VIII. Jn 8,1-59

La muerte

Por el azul se llega a Galilea

Soy movido

Llegaste

Tu voz

(Día 14, marzo, viernes, Jn 10, 31-42. Nuestra Señora de la Caridad)

Juan 10, 31-42 - "Intentaron apoderarse de él, pero se les escapó de las manos" - En aquel tiempo, los judíos volvieron a tomar piedras para tirárselas. Jesús les dijo: He hecho ante vosotros muchas obras buenas por encargo del Padre. ¿Por cuál de ellas quieren apedrearme?.
Le contestaron los judíos: No es por ninguna obra buena que queremos apedrearte, sino por haber blasfemado. Pues tú, siendo hombre, te haces Dios.
Jesús les respondió: ¿No está escrito en su ley: Yo les digo: vosotros sois dioses? Pues, si la ley llama dioses a aquellos a quienes fue dirigida la palabra de Dios, y lo que dice la Escritura no puede ponerse en duda, entonces, ¿con qué derecho me acusan de blasfemia sólo por haber dicho: yo soy Hijo de Dios, a mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las realizo, aceptad el testimonio de las mismas aunque no queráis creer en mí. De este modo reconoceréis que el Padre está en mí y yo en el Padre.
Así pues, intentaron de nuevo detener a Jesús, pero él se les escapó de entre las manos.
Jesús se fue de nuevo a la otra orilla del Jordán, al lugar donde anteriormente había estado bautizando Juan, y se quedó allí. Acudía a él mucha gente, que decía: Es cierto que Juan no hizo ningún signo, pero todo lo que dijo de éste era verdad.
Y en aquella región muchos creyeron en él.

Evangelio de San Juan - Cap. X. Jn 10,1-42

Virgen María, hoy se cumple la Escritura

No importa

Tengo fe

Virgen María

(Día 15, marzo, sábado, Jn 11,45-57)

Juan 11,45-57 - "Para reunir a los hijos de Dios dispersos" -  En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: "¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación." Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: "Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera." Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente con los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos. Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: "¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?" Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Evangelio de San Juan - Cap. XI. Jn 11,1-57

María, porque Él da la paz le hacen la guerra

A Cristo

Alianza del silencio

Te cantan hoy mis cítaras templadas

Hombre y Dios

(Día 16, marzo, domingo, Mt 26,14-27,66. Domingo de Ramos)

Mateo 26, 14-27, 66 - "Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo":

C. En aquel tiempo uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:

S. "¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?"

C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo. El primer día de los ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:

S. "¿Donde quieres que te preparemos la cena de Pascua?"

C. Él contestó:

+ "Id a casa de Fulano y decidle: "El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos"".

C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:

+ "Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar".

C. Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro:

S. "¿Soy yo acaso, Señor?"

C. Él respondió:

+ "El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!, más le valdría no haber nacido".

C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:

S. "¿Soy yo acaso, Maestro?".

C. Él respondió:

+ "Así es".

C. Durante la cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a los discípulos diciendo:

+ "Tomad, comed: esto es mi cuerpo".

C. Y cogiendo un cáliz pronunció la acción de gracias y se lo pasó diciendo:

+ "Bebed todos; porque ésta es mi sangre, sangre de la alianza derramada por todos para el perdón de los pecados. Y os digo que no beberé más del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el Reino de mi Padre"

C. Cantaron el salmo y salieron para el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo:

+ "Esta noche vais a caer todos por mi causa, porque está escrito: "Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño". Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea".

C. Pedro replicó:

S. "Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré".

C. Jesús les dijo:

+ "Te aseguro que esta noche, antes que el gallo cante tres veces, me negarás".

C. Pedro le replicó:

S. "Aunque tenga que morir contigo, no te negaré".

C. Y lo mismo decían los demás discípulos. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo:

+ "Sentaos aquí mientras voy allá a orar".

C. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse. Entonces dijo:

+ "Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo".

C. Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:

+ "Padre mío, si es posible, que pase y se aleje d mí ese cáliz. pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres".

C. Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:

+ "¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil".

C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:

+ "Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad".

C. Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque estaban muertos de sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras. Luego se acercó a sus discípulos y les dijo:

+ "Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega".

C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:

S. "Al que yo bese, ése es: detenedlo".

C. Después se acercó a Jesús y le dijo:

S. "¡Salve, Maestro!"

C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:

+ "Amigo, ¿a qué vienes?"

C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para detenerlo. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo:

+ "Envaina la espada: quien usa espada, a espada morirá. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría en seguida más de doce legiones de ángeles. Pero entonces no se cumpliría la Escritura que dice que esto tiene que pasar".

C. Entonces dijo Jesús a la gente:

+ "Habéis salido a prenderme con espadas y palos como a un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis".

C. Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. Los que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se había reunido los letrados y los senadores. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello. Los sumos sacerdotes y el consejo en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon:

S."Este ha dicho: "Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días".

C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:

S. "¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?"

C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:

S. "Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios".

C. Jesús respondió:

+ "Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo."

C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo:

S. "Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?"

C. Y ellos contestaron:

S. "Es reo de muerte".

C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo:

S. "Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado".

S. Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo:

S. "También tú andabas con Jesús el Galileo".

C. Él lo negó delante de todos diciendo:

C. "No sé qué quieres decir".

C. Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí:

S. "Este andaba con Jesús el Nazareno".

C. Otra vez negó él con juramento:

S. "No conozco a ese hombre".

C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron: "Seguro; tú también eres de ellos, se te nota en el acento".

C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo:

S. "No conozco a ese hombre".

C. Y en seguida cantó el gallo. Pedro se acordó de aquella palabras de Jesús: "Antes de que cante el gallo me negarás tres veces". Y saliendo afuera, lloró amargamente.

Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y atándolo lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador. Entonces el traidor sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de palta a los sumos sacerdotes y senadores diciendo:

S. "He pecado, he entregado a la muerte a un inocente".

C. Pero ellos dijeron:

S. "¿A nosotros qué? ¡Allá tú!"

C. Él, arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas, dijeron:

S. "No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas porque son precio de sangre".

C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía "Campo de Sangre". Así se cumplió lo escrito por Jeremías el profeta: "Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor".

Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:

S. "¿Eres tú el rey de los judíos?"

C. Jesús respondió:

+ "Tú lo dices".

C. Y mientras la acusaban los sumos sacerdotes y los senadores no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:

S. "¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?"

C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato:

S. "¿A quien queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman Mesías?"

C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:

S. "No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él"

C. Pero los sumos sacerdotes y los senadores convencieron a la gente que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador preguntó:

S. "¿A cuál de los dos queréis que os suelte?"

C. Ellos dijeron:

S. "A Barrabás".

C. Pilato les preguntó:

S. "¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?"

C. Contestaron todos:

S. "¡Que lo crucifiquen!"

C. Pilato insistió:

S. "Pues ¿qué mal ha hecho?"

C. Pero ellos gritaban más fuerte:

S. "¡Que lo crucifiquen!"

C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia del pueblo, diciendo:

S. "Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!"

C. Y el pueblo contestó:

S. "¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!"

C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotado, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo:

S. "¡Salve, rey de los judíos"!

C. Luego lo escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella en la cabeza. Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar. Al salir, encontraron un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz.

C. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir "La Calavera"), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo, probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: "Este es el Rey de los Judíos". Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. los que pasaban, lo injuriaban y decían meneando la cabeza:

S. "Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz".

C. Los sumos sacerdotes con los letrados y los senadores se burlaban también diciendo:

S. "A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¿No es el rey de Israel? Que baje ahora de la cruz y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?".

C. Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.

Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó:

+ "Elí, Elí, lamá sabaktaní"

C. (Es decir:

+ "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?")

C. Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron:

S. "A Elías llama éste".

C. Uno de ellos fue corriendo; en seguida cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. los demás decían:

S. "Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo".

C. Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se rasgaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Después que él resucitó salieron de las tumbas, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados:

S. "Realmente éste era Hijo de Dios"

C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderle; entre ellas, María Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los Zebedeos.

Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Éste acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.

A la mañana siguiente, pasado el día de la preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:

S. "Señor, nos hemos acordado que aquel impostor estando en vida anunció: "A los tres días resucitaré". Por eso da orden de que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo: "Ha resucitado de entre los muertos". La última impostura sería peor que la primera. Pilato contestó:

S. "Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis".

C. Ellos fueron, sellaron la pierda y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro.

Especial Semana Santa

Jesús ante el Sanedrín

¿Por qué?

Porque Él da la paz le hacen la guerra

Descubres, María, la sombra del Verbo

Vuelas por las calles del infierno

María, sigues la huella roja de su pie

Llevas el peso de sus treinta y tres años

Eres corredentora

María, das a tu hijo el último abrazo

La Pasión del Señor

Más allá del dolor

Soy albornía para tu zumo

Alcadafe

Poesías eucarísticas

(Día 17, marzo, lunes, Jn 12, 1-11. Lunes Santo)

Juan 12, 1-11 - "Déjala, lo tenía guardado para el día de mi sepultura" - Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él en la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: ¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres? (Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando). Entonces Jesús dijo: Déjala: lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis con vosotros, pero a mi no siempre me tenéis. Una muchedumbre de Judíos se entero de que estaba allí y fueron no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

Evangelio de San Juan - Cap. XII y poesías sobre su texto

(Día 18, marzo, martes,  Juan 13, 21-33. 36-38. Martes Santo)

Juan 13, 21-33. 36-38 - "Uno de vosotros me va a entregar" - En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar. Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, estaba a la mesa a su derecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces el, apoyándose en el pecho de Jesús, le pregunto Señor: ¿quién es?.Le contestó Jesús: Aquél a quien yo le dé este trozo de pan untado. Y untando el pan se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: Lo que tienes que hacer hazlo en seguida. Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él (Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará). Simón Pedro le dijo: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde. Pedro replicó: Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti. Jesús le contesto: ¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.

Evangelio de San Juan - Cap. XIII y poesías sobre su texto

(Día 19, marzo, miércoles, Mt 26, 14-25. Miércoles Santo. San José, esposo de la Virgen María)

Mateo 26, 14-25 - "¡Ay de aquél por quien el Hijo del hombre va a ser entregado!" - En aquel tiempo, uno de los Doce, el llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: ¿Qué me dan si les entrego a Jesús?.
Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata. Y desde ese momento buscaba la oportunidad para entregarlo.
El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de pascua?.
El respondió: Id a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: El Maestro dice: Se acerca el momento, y quiero celebrar la pascua en tu casa con mis discípulos.
Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de pascua.
Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce, y mientras cenaban les dijo: Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.
Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: ¿Acaso soy yo, Señor?.
Jesús respondió: El que come en el mismo plato que yo, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, tal como está escrito de él; pero ¡ay de aquél que entrega al Hijo del hombre! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!.
Entonces preguntó Judas, el traidor: ¿Soy yo acaso, maestro?.
Y Jesús le respondió: Tú lo has dicho.

El reloj de la Vida inicia su andadura

Treinta monedas

María, te anuncia su última cena

Un adarme de tu pan

Peregrino de infinito

Poesías eucarísticas

Su martirio es Palabra de Dios

El  Niño perdido y hallado en el Templo

Boda blanca

El despertar de José

En tu grial

La Sagrada Familia

(Día 20, marzo, jueves, Jn 13, 1-15. Jueves Santo)

Juan 13, 1-15 - "Los amó hasta el extremo" - Era la víspera de la fiesta de la pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de dejar este mundo para ir al Padre. Y él, que había amado a los suyos, que estaban en el mundo, llevó su amor hasta el final.
Estaban cenando y ya el diablo había convencido a Judas Iscariote, hijo de Simón, para que entregara a Jesús. Entonces Jesús, sabiendo que el Padre le había entregado todo, y que de Dios había venido y a Dios regresaba, se levantó de la mesa, se quitó el manto, tomó una toalla y se la colocó en la cintura. Después echó agua en una palangana y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura. Cuando llegó a Simón Pedro, éste se resistió: Señor, ¿cómo vas a lavarme tú a mí los pies?.
Jesús le contestó: Lo que estoy haciendo, tú no lo puedes comprender ahora; lo comprenderás después.
Pedro insistió: Jamás permitiré que me laves los pies.
Entonces Jesús le contestó: Si no te lavo los pies, no tendrás nada que ver conmigo.
Simón Pedro reaccionó diciendo: Señor, no sólo los pies; lávame también las manos y la cabeza.
Pero Jesús le dijo: El que se ha bañado sólo necesita lavarse los pies, porque está completamente limpio; y vosotros estáis limpios, aunque no todos.
Sabía muy bien Jesús quién lo iba a entregar; por eso dijo: No todos están limpios.
Después de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a sentarse a la mesa y dijo: ¿Comprendéis lo que acabo de hacer con vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tienéis razón, porque efectivamente lo soy. Pues bien, si yo, que soy el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis hacer lo mismo unos con otros. Os he dado ejemplo, para que hagáis lo mismo que yo he hecho con vosotros.

Evangelio de San Juan - Cap. XIII y poesías s0bre su texto

Especial Semana Santa

María, te anuncia su última cena

Tu amor

Existir

Tu amor

Amanecer de Adán

(Día 21, marzo, viernes, Jn 18, 1-19,42.Viernes Santo)

Juan 18, 1-19,42 - "† Pasión de nuestro Señor Jesucristo" :

C. En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron el torrente Cedrón y entraron en un huerto que había cerca. Este lugar era conocido por Judas, el traidor, porque Jesús se reunía frecuentemente allí con sus discípulos. Así que Judas, llevando consigo un destacamento de soldados romanos y los guardias puestos a su disposición por los sumos sacerdotes y los fariseos, se dirigió a aquel lugar. Iban armados y equipados con faroles y antorchas.
Jesús, que sabía todo lo que iba a ocurrir, salió a su encuentro y les preguntó:
†. «¿A quién buscan?»
C. Ellos contestaron:
S. «A Jesús de Nazaret».
C. Les dijo Jesús:
†. «Yo soy».
C. Judas, el traidor, estaba allí con ellos. En cuanto les dijo:“Yo soy”, retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús les preguntó de nuevo:
†. «¿A quién buscan?»
C. Volvieron a contestarle:
S. «A Jesús de Nazaret».
C. Jesús les dijo:
†. «Ya les he dicho que soy yo. Por tanto, si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan».
C. Así se cumplió lo que él mismo había dicho: “No he perdido a ninguno de los que me diste”.
Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó e hirió con ella a un criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Pero Jesús dijo a Pedro:
†. «Guarda tu espada. ¿Es que no debo beber este cáliz de amargura que el Padre me ha preparado?»
C. Los soldados romanos, con su comandante al frente, y la guardia judía, arrestaron a Jesús y le ataron las manos. Acto seguido, lo condujeron a casa de Anás, el cual era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había aconsejado a los judíos: “Conviene que muera un solo hombre por el pueblo”.
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo, que era conocido del sumo sacerdote, entró al mismo tiempo que Jesús en el patio interior de la casa del sumo sacerdote. Pedro, en cambio, tuvo que quedarse fuera junto a la puerta, hasta que el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera y consiguió que lo dejara entrar. Pero la portera preguntó a Pedro:
S.«¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?»
C. Pedro le contestó:
S. «No, no lo soy».
C. Como hacía frío, los criados y la guardia habían preparado una fogata y estaban en torno a ella calentándose. Pedro estaba también con ellos calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza. Jesús declaró:
†. «Yo he hablado siempre en público. He enseñado en las sinagogas y en el templo, donde se reúnen todos los judíos. No he enseñado nada clandestinamente. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me han oído, y ellos podrán informarte».
C. Al oír esta respuesta, uno de los guardias, que estaba junto a él, le dio una bofetada, diciéndole:
S. «¿Cómo te atreves a contestar así al sumo sacerdote?»
C. Jesús le dijo:
†. «Si he hablado mal, demuéstrame en qué; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?»
C. Entonces Anás lo envió, con las manos atadas, a Caifás, el sumo sacerdote.
Mientras Simón Pedro estaba junto a la fogata, calentándose, uno le preguntó:
S. «¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?»
C. Pedro lo negó diciendo:
S. «No, no lo soy».
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquél a quien Pedro había cortado la oreja, le insistió:
S. «¿Cómo que no? Yo mismo te vi en el huerto con él».
C. Pedro volvió a negarlo. Y en aquel momento cantó el gallo.
Después condujeron a Jesús desde la casa de Caifás hasta el palacio del gobernador. Era de madrugada. Los judíos no entraron en el palacio para no contraer impureza legal, y poder celebrar así la cena de pascua. Pilato, por su parte, salió adonde estaban ellos y les preguntó:
S. «¿De qué acusan a este hombre?»
C. Ellos le contestaron:
S. «Si no fuera un criminal, no te lo habríamos entregado».
C. Pilato les dijo:
S. «Llévenselo y júzguenlo según su ley».
C. Los judíos dijeron:
S. «Nosotros no estamos autorizados para condenar a muerte a nadie».
C. Así se cumplió la palabra de Jesús, que había anunciado de qué forma iba a morir. Pilato volvió a entrar en su palacio, llamó a Jesús y le interrogó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Jesús le contestó:
†. «¿Dices eso por ti mismo o te lo han dicho otros de mí?»
C. Pilato respondió:
S. «¿Acaso soy yo judío? Son los de tu propia nación y lo sumos sacerdotes los que te han
entregado a mí. ¿Qué has hecho?»
C. Jesús le explicó:
†. «Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, mis seguidores hubieran luchado para impedir que yo fuera entregado a los judíos. Pero no, mi reino no es de este mundo».
C. Pilato insistió:
S. «Entonces, ¿eres rey?»
C. Jesús le respondió:
†. «Soy rey, como tú dices. Y mi misión consiste en dar testimonio de la verdad. Precisamente para eso he nacido y para eso he venido al mundo. Todo el que pertenece a la verdad escucha mi voz».
C. Pilato le preguntó:
S. «¿Y qué es la verdad?»
C. Después de decir esto, Pilato salió de nuevo y dijo a los judíos:
S. «Yo no encuentro delito alguno en este hombre. Pero como ustedes tienen derecho a que les ponga en libertad un prisionero durante la fiesta de la pascua, ¿quieren que deje en libertad al rey de los judíos?»
C. Pero ellos seguían gritando:
S. «¡No, a ése no! ¡Deja en libertad a Barrabás!» (El tal Barrabás era un bandido).
C. Entonces Pilato ordenó que lo azotaran. Los soldados prepararon una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza. También le colocaron sobre los hombros un manto rojo. Y se acercaban a él, diciendo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!»
C. Y le daban bofetadas. Pilato salió, una vez más, y les dijo:
S. «Miren, lo traigo de nuevo para que quede bien claro que yo no encuentro delito alguno en este hombre».
C. Salió, pues, Jesús afuera. Llevaba sobre su cabeza la corona de espinas y sobre sus hombros el manto rojo. Pilato lo presentó con estas palabras:
S. «¡Este es el hombre!»
C. Los sumos sacerdotes y los guardias, al verlo, comenzaron a gritar:
S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «Llévenselo ustedes y crucifíquenlo; porque yo no encuentro delito alguno en él».
C. Los judíos insistieron:
S. «Nosotros tenemos una ley y, según ella, debe morir, porque se ha presentado a sí mismo como Hijo de Dios».
C. Al oír esto, Pilato sintió aún más miedo. Entró de nuevo en el palacio y preguntó a Jesús:
S. «¿De dónde eres tú?»
C. Pero Jesús no le contestó. Pilato le dijo:
S. «¿Te niegas a contestarme? ¿Es que no sabes que yo tengo autoridad, tanto para dejarte en libertad como para ordenar que te crucifiquen?»
C. Jesús le respondió:
†. «No tendrías autoridad alguna sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto; por eso, el que me entregó a ti tiene más culpa que tú».
C. Desde ese momento Pilato intentaba ponerlo en libertad. Pero los judíos le gritaban:
S. «Si pones en libertad a ese hombre, no eres amigo del emperador romano. Porque cualquiera que tenga la pretensión de ser rey, es enemigo del emperador».
C. Pilato, al oír esto, mandó que sacaran fuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el lugar conocido con el nombre de «Enlosado» (que en la lengua de los judíos, se llama “Gábbata”). Era la víspera de la fiesta de la pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo a los judíos:
S. «¡Aquí tienen a su rey!»
C. Ellos comenzaron a gritar:
S. «¡Mátalo! ¡Crucifícalo!»
C. Pilato insistió:
S. «¿Cómo voy a crucificar a su rey?»
C. Pero los sumos sacerdotes contestaron:
S. «Nuestro único rey es el emperador romano».
C. Entonces Pilato les entregó a Jesús para que lo crucificaran.
Se hicieron, pues, cargo de Jesús quien, llevando a hombros su propia cruz, salió de la ciudad hacia un lugar llamado “La Calavera” (que en la lengua de los judíos se dice “Gólgota”). Allí lo crucificaron junto con otros dos, uno a cada lado de Jesús.
Pilato mandó escribir y poner sobre la cruz un letrero con esta inscripción: “Jesús de Nazaret, el rey de los judíos”. Leyeron el letrero muchos judíos, porque el lugar donde Jesús había sido crucificado estaba cerca de la ciudad, y estaba escrito en hebreo, en latín y en griego. Los sumos sacerdotes se presentaron a Pilato y le dijeron:
S. «No escribas: “El rey de los judíos”, sino más bien: “Este hombre ha dicho: Yo soy el rey de los judíos”».
C. Pilato les contestó:
S. «Lo que he escrito, escrito queda».
C. Los soldados, después de crucificar a Jesús, se apropiaron de sus vestidos e hicieron con ellos cuatro partes, una para cada uno. Dejaron aparte la túnica. Como era una túnica sin costuras, tejida de una sola pieza de arriba abajo, los soldados llegaron a este acuerdo:
S. «Es mejor que no la dividamos, vamos a sortearla para ver a quién le toca».
C. Así se cumplió este texto de la Escritura:
Dividieron entre ellos mis vestidos y mi túnica la echaron a suertes.
Eso fue lo que hicieron los soldados.
Junto a la cruz de Jesús
estaban su madre, la hermana de su madre, María la mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo a quien tanto amaba, dijo a su madre:
†. «Mujer, ahí tienes a tu hijo».
C. Después dijo al discípulo:
†. «Ahí tienes a tu madre».
C. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió como suya. Después Jesús, sabiendo que todo se había cumplido, para que también se cumpliera la Escritura, exclamó:
†. «Tengo sed».
C. Había allí una jarra con vinagre. Los soldados colocaron en la punta de una caña una esponja empapada en el vinagre y se la acercaron a la boca. Jesús probó al vinagre y dijo:
†. «Todo está cumplido».
C. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
C. Como era el día de la preparación de la fiesta de pascua, los judíos no querían que los cuerpos quedaran en la cruz aquel sábado, ya que aquel día se celebraba una fiesta muy solemne. Por eso pidieron a Pilato que ordenara romper las piernas a los crucificados y que los bajaran de la cruz.
Fueron, pues, los soldados y rompieron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. Cuando se acercaron a Jesús, se dieron cuenta de que ya había muerto; por eso no le rompieron las piernas. Pero uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, y en seguida brotó del costado sangre y agua.
El que vio estas cosas da testimonio de ellas, y su testimonio es verdadero. El sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura, que dice: No le quebrarán ningún hueso. La Escritura dice también en otro pasaje: Mirarán al que traspasaron.
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque lo mantenía en secreto por miedo a los judíos, pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió.
Entonces él fue y tomó el cuerpo de Jesús. Llegó también Nicodemo, el que en una ocasión había ido a hablar con Jesús durante la noche, con unos treinta kilos de una mezcla de mirra y perfume. Entre los dos se llevaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas de lino bien empapadas en la mezcla de mirra y perfume, según la costumbre judía de sepultar a los muertos.
Cerca del lugar donde fue crucificado Jesús había un huerto y, en el huerto, un sepulcro nuevo en el que nadie había sido enterrado. Allí, pues, depositaron a Jesús, dado que el sepulcro estaba cerca y era la víspera de la fiesta de pascua.

Evangelio de San Juan - Cap. XIII y poesías sobre su texto

Especial Semana Santa

Jesús ante el Sanedrín

El reloj de la Vida inicia su andadura

Treinta monedas

¿Por qué?

Porque Él da la paz le hacen la guerra

Descubres, María, la sombra del Verbo

Vuelas por las calles del infierno

La flagelación del Señor

María, sigues la huella roja de su pie

La coronación de espinas

Jesús con la cruz a cuestas

Llevas, María, el peso de sus treinta y tres años

Eres corredentora

La crucifixión y muerte del Señor

De pie estaba

María, das a tu hijo el último abrazo

Hágase tu voluntad

Virgen de los Dolores

La Pasión del Señor

Más allá del dolor

Soy albornía para tu zumo

Alcadafe

Poesías eucarísticas

(Día 22, marzo, sábado, Mt 28, 1-10. Sábado Santo)

Mateo 28, 1-10 - "Ha resucitado y va por delante de vosotros a Galilea" - En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres: "Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: Ha resucitado, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis". Mirad, os lo he anunciado. Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro: impresionadas y llenas de alegría corrieron a anunciarlo a sus discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: "Alegraos". Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: "No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán".

Mañana de Pascua

(Día 23, marzo, domingo,  Jn 20, 1-9. Domingo de Resurrección)

 Juan 20, 1-9 - "Él había de resucitar de entre los muertos" - El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Evangelio de San Juan - Cap. XX y poesías sobre su texto

Especial Pascua de Resurrección

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