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CALENDARIO
LITÚRGICO
TIEMPOS
LITÚRGICOS
Marzo año
2008

Textos
de los Evangelios de la liturgia y poesías relacionadas con ellos
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Marzo:
(Día 1, marzo, sábado,
Lc 18,9-14)
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Lucas
18,9-14 - "El publicano bajó a su casa justificado,
y el fariseo no" - En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por
justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los
demás, dijo Jesús esta parábola: "Dos hombres subieron al templo a
orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido,
oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no
soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese
publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo
que tengo." El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se
atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el
pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador." Os
digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo
el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será
enaltecido". |
Es oración
Padre
Padre nuestro
Quiero hacer con mi vida una oración
Tu amor
El yugo de la arcilla

(Día 2, marzo, domingo,
jn 9,1-41)
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Juan 9,1-41 - "Fue, se lavó, y volvió con vista" - Vio, al pasar,
a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus
discípulos: "Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya
nacido ciego?" Respondió esús: "Ni él pecó ni sus padres; es
para que se manifiesten en él las obras de Dios. Tenemos
que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de
día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy
en el mundo, soy luz del mundo" Dicho esto, escupió en
tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos
del ciego y le dijo: "Vete, lávate en la piscina de Siloé" (que
quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo. Los
vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían:
"¿No es éste el que se sentaba para mendigar?" Unos
decían: "Es él". "No, decían otros, sino que es uno que se le
parece." Pero él decía: "Soy yo." Le dijeron entonces:
"¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?" El respondió: "Ese
hombre que se llama Jesús, izo barro, me untó los ojos y me
dijo: "Vete a Siloé y lávate." Yo fui, me lavé y vi."
Ellos le dijeron: "¿Dónde está ése?" El respondió: "No lo sé"
Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego. Pero era
sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los
fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista.
El les dijo: "Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo"
Algunos fariseos decían: "Este hombre no viene de Dios, porque
no guarda el sábado." Otros decían: "Pero, ¿cómo puede un
pecador realizar semejantes señales?" Y había disensión entre
ellos. Entonces le dicen otra vez al ciego: "¿Y tú qué dices de
él, ya que te ha abierto los ojos?" El respondió: "Que es un
profeta" No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera
sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había
recobrado la vista y les preguntaron: "¿Es éste vuestro hijo, el
que decís e nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?" 0 Sus padres
respondieron: "Nosotros sabemos que este es nuestro hijo y que
nació ciego. Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha
abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad
tiene; puede hablar de sí mismo" Sus padres decían esto por
miedo por los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de
acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara
excluido de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: "Edad
tiene; preguntádselo a él" Le llamaron por segunda vez al hombre
que había sido ciego y le dijeron: "Da gloria a Dios. Nosotros
sabemos que ese hombre es un pecador." Les respondió: "Si es un
pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo"
Le dijeron entonces: "¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los
ojos?" El replicó: "Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado.
¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también
vosotros haceros discípulos suyos?" Ellos le llenaron de
injurias y le dijeron: "Tú eres discípulo de ese hombre;
nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a
Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es." El
hombre les respondió: "Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis
de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos. Sabemos que
Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y
cumple su voluntad, a ése le escucha. Jamás se ha oído decir que
alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si éste
no viniera de Dios, no podría hacer nada." Ellos le
respondieron: "Has nacido todo entero en pecado ¿y nos da
lecciones a nosotros?" Y le echaron fuera. Jesús se enteró de
que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo:
"¿Tú crees en el Hijo del hombre?" El respondió: "¿Y quién es,
Señor, para que crea en él?" Jesús le dijo: "Le has visto; el
que está hablando contigo, ése es" El entonces dijo: "Creo,
Señor." Y se postró ante él. Y dijo Jesús: "Para un juicio he
venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que
ven, se vuelvan ciegos" Algunos fariseos que estaban con él
oyeron esto y le dijeron: "Es que también nosotros somos
ciegos?" Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais
pecado; pero, como decís: "Vemos" vuestro pecado permanece". |
Evangelio de San Juan
- Cap. IX. Jn 4,1-41

(Día 3, marzo, lunes, Jn 4,43-54)
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Juan
4,43-54 - "Anda, tu hijo está curado" - En aquel
tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había
hecho esta afirmación: "Un profeta no es estimado en su propia
patria." Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron
bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén
durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el
agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo
enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a
Galilea, fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo
que estaba muriéndose. Jesús le dijo: "Como no veáis signos y
prodigios, no creéis." El funcionario insiste: "Señor, baja
antes de que se muera mi niño." Jesús le contesta: "Anda, tu
hijo está curado." El hombre creyó en la palabra de Jesús y se
puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su
encuentro diciéndole que su hijo estaba curado. Él les preguntó
a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: "Hoy a
la una lo dejó la fiebre." El padre cayó en la cuenta de que ésa
era la hora cuando Jesús le había dicho: "Tu hijo está curado."
Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús
al llegar de Judea a Galilea. |
Evangelio de San Juan
- Cap. IV. Jn 4,1-54

(Día 4, marzo, martes,
Jn 5,1-3.5-16)
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Juan 5,1-3.5-16 - "Al
momento aquel hombre quedó sano" - En aquel tiempo, se celebraba
una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en
Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman
en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban
echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba
también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le
dice: "¿Quieres quedar sano?" El enfermo le contestó: "Señor, no
tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua;
para cuando llego yo, otro se me ha adelantado." Jesús le dice:
"Levántate, toma tu camilla y echa a andar." Y al momento el
hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
Aquel día era sábado, y los
judíos dijeron al hombre que había quedado sano: "Hoy es sábado, y
no se puede llevar la camilla." El les contestó: "El que me ha
curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar."
Ellos le preguntaron: "¿Quién es el que te ha dicho que tomes la
camilla y eches a andar?" Pero el que había quedado sano no sabía
quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio,
se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le
dice: "Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra
algo peor." Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era
Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús,
porque hacía tales cosas en sábado. |
Evangelio de San Juan
- Cap. V. Jn 5,1-47

(Día 5, marzo, miércoles,
Jn 5,17-30)
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Juan
5,17-30 - "Lo mismo que el Padre resucita a los
muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que
quiere" - En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: "Mi Padre
sigue actuando, y yo también actúo." Por eso los judíos tenían más
ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también
llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la
palabra y les dijo: "Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su
cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo
hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo
lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro
asombro. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da
vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el
Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de
todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que
no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió. Os lo aseguro:
Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida
eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la
muerte a la vida. Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en
que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan
oído vivirán. Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así
ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado
potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No os sorprenda,
porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su
voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de
vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. Yo
no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi
juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del
que me envió. |
Evangelio de San Juan
- Cap. V. Jn 5,1-47
Es sábado, Señor
Tu sonido

(Día 6, marzo, jueves,
Jn 5,31-47)
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Juan 5,31-47 - "Hay
uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza" -
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: "Si yo doy testimonio
de mí mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da
testimonio de mí, y sé que es válido el testimonio que da de mí.
Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio
de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre;
si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la
lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un
instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que
el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar;
esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha
enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de
mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su semblante, y su
palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le
creéis. Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas
vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no
queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los
hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en
vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me
recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése sí lo
recibiréis. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria
unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios?
No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os
acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a
Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no
dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?" . |
Evangelio de San Juan
- Cap. V. Jn 5,1-47
Juan Bautista
Juan abrió las veredas
Él es...
Gotas de fe

(Día 7, marzo, viernes,
Jn 7,1-2.10,25-30.
El Cristo de Medinaceli)
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Juan
7,1-2.10.25-30 - "Intentaban
agarrarlo, pero todavía no había llegado su
hora" - En aquel tiempo, recorría Jesús la
Galilea, pues no quería andar por Judea
porque los judíos trataban de matarlo. Se
acercaba la fiesta judía de las tiendas.
Después que sus parientes se marcharon a la
fiesta, entonces subió él también, no
abiertamente, sino a escondidas.
Entonces
algunos que eran de Jerusalén dijeron: "¿No
es éste el que intentan matar? Pues mirad
cómo habla abiertamente, y no le dicen nada.
¿Será que los jefes se han convencido de que
éste es el Mesías? Pero éste sabemos de
dónde viene, mientras que el Mesías, cuando
llegue, nadie sabrá de dónde viene."
Entonces Jesús, mientras enseñaba en el
templo, gritó: "A mí me conocéis, y conocéis
de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por
mi cuenta, sino enviado por el que es veraz;
a ése vosotros no lo conocéis; yo lo
conozco, porque procedo de él, y él me ha
enviado." Entonces intentaban agarrarlo;
pero nadie le pudo echar mano, porque
todavía no había llegado su hora.
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Evangelio de San Juan
- Cap. VII. Jn 7,1-53
A
Cristo
Su martirio es Palabra de
Dios

(Día 8, marzo, sábado,
Jn 7,40-53)
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Juan
7,40-53 - " ¿Es que de Galilea va a venir el Mesías?
" - En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído
los discursos de Jesús, decían: "Éste es de verdad el profeta".
Otros decían: "Éste es el Mesías." Pero otros decían: "¿Es que de
Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías
vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?" Y así
surgió entre la gente una discordia por su causa. Algunos querían
prenderlo, pero nadie le puso la mano encima. Los guardias del
templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les
dijeron: "¿Por qué no lo habéis traído?" Los guardias
respondieron: "Jamás ha hablado nadie como ese hombre." Los
fariseos les replicaron: "¿También vosotros os habéis dejado
embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa
gente que no entiende de la Ley son unos malditos". Nicodemo, el
que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les
dijo: "¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo
primero y averiguar lo que ha hecho?" Ellos le replicaron:
"¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen
profetas". Y se volvieron cada uno a su casa.
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Evangelio de San Juan
- Cap. VII. Jn 7,1-53

(Día 9, marzo, domingo, Jn 11,1-45)
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Juan 11,1-45 - "Yo
soy la resurrección y la vida" - En aquel tiempo, [un cierto
Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana,
había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume
y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano
Lázaro]. Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo:
"Señor, tu amigo está enfermo." Jesús, al oírlo, dijo: "Esta
enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la
gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por
ella." Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se
enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde
estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: "Vamos otra vez a
Judea". [Los discípulos le replican: "Maestro, hace poco
intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?" Jesús
contestó: "¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no
tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de
noche, tropieza, porque le falta la luz. Dicho esto, añadió:
"Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo."
Entonces le dijeron sus discípulos: "Señor, si duerme, se
salvará." Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos
creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les
replicó claramente: "Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros
de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a
su casa." Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás
discípulos: "Vamos también nosotros y muramos con él"].
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. [Betania
distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos
habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su
hermano.] Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a
su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a
Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi
hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te
lo concederá." Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará." Marta
respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último
día." Jesús le dice: "Yo soy la resurrección y la vida: el que
cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y
cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?" Ella le
contestó: "Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de
Dios, el que tenía que venir al mundo". [Y dicho esto, fue a
llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: "El Maestro
está ahí y te llama." Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde
estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea,
sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos
que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se
levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al
sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús,
al verlo se echó a sus pies diciéndole: "Señor, si hubieras
estado aquí no habría muerto mi hermano"]. Jesús, [viéndola
llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban,]
sollozó y, muy conmovido, preguntó: "¿Donde lo habéis
enterrado?" Le contestaron: "Señor, ven a verlo." Jesús se echó
a llorar. Los judíos comentaban: "¡Cómo lo quería!" Pero algunos
dijeron: "Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía
haber impedido que muriera éste?" Jesús, sollozando de nuevo,
llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice
Jesús: "Quitad la losa." Marta, la hermana del muerto, le dice:
"Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días." Jesús le dice:
"¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?" Entonces
quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
"Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me
escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para
que crean que tú me has enviado." Y dicho esto, gritó con voz
potente: "Lázaro, ven afuera." El muerto salió, los pies y las
manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús
les dijo: "Desatadlo y dejadlo andar". Y muchos judíos que
habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús,
creyeron en él. |
Evangelio de San Juan
- Cap. XI. Jn 11,1-57

(Día 10, marzo, lunes,
Jn 8, 1-11)
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Juan 8,
1-11 - "El que esté sin pecado, que le tire la
primera piedra" - En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los
Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el
pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y
los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y,
colocándola en medio, le dijeron: "Maestro, esta mujer ha sido
sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda
apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?". Le preguntaban esto
para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose,
escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle,
se incorporó y les dijo: "El que esté sin pecado, que le tire la
primera piedra". E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por
los más viejos. Y quedó sólo Jesús, con la mujer, en medio, que
seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: "Mujer,
¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?" Ella
contestó: "Ninguno, Señor". Jesús dijo: "Tampoco yo te condeno.
Anda, y en adelante no peques más". |
Evangelio de San Juan
- Cap. VIII. Jn 8,1-59
Alborada del
perdón
Diluvio del perdón

(Día 11, marzo, martes,
Jn 8,21-30)
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Juan
8,21-30 - "Cuando levantéis al Hijo del hombre,
sabréis que yo soy" - En aquel tiempo, dijo Jesús a los
fariseos: "Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro
pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros." Y los judíos
comentaban: "¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: "Donde
yo voy no podéis venir vosotros"?" Y él continuaba: "Vosotros
sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este
mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que
moriréis por vuestros pecados: pues, si no creéis que yo soy,
moriréis por vuestros pecados". Ellos le decían: "¿Quién eres
tú?" Jesús les contestó: "Ante todo, eso mismo que os estoy
diciendo. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero
el que me envió es veraz, y yo comunico al mundo lo que he
aprendido de él". Ellos no comprendieron que les hablaba del
Padre. Y entonces dijo Jesús: "Cuando levantéis al Hijo del
hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta,
sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió
está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo
que le agrada." Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.
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Evangelio de San Juan
- Cap. VIII. Jn 8,1-59
Su martirio es Palabra de Dios
¡Hágase tu
voluntad!
Nadie
es profeta en su tierra
No
importa
Él es...
Tengo
fe

(Día 12, marzo, miércoles,
Jn 8, 31-42)
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Juan 8,
31-42 - "Si el Hijo les da la libertad, serán realmente libres"
- En aquel
tiempo, Jesús dijo a los judíos que habían creído en él: Si
permanecéis fieles a mi palabra, vosotros seréis verdaderamente
mis discípulos; así conoceréis la verdad y la verdad os hará
libres.
Ellos le respondieron: Somos descendientes de Abrahán; nunca
hemos sido esclavos de nadie. ¿Qué significa eso de que seremos
libres?.
Jesús les contestó: Yo os aseguro que todo el que comete pecado
es esclavo del pecado. Pero el esclavo no permanece para siempre
en la casa, mientras que el hijo sí. Por eso, si el Hijo les da
la libertad, serán verdaderamente libres. Ya sé que son
descendientes de Abrahán. Sin embargo, quieren matarme, porque
no aceptan mi enseñanza. Yo hablo de lo que he visto hacer a mi
Padre; sus acciones, en cambio, ponen de manifiesto lo que han
oído a su padre.
Ellos le dijeron: Nuestro padre es Abrahán.
Jesús contestó: Si fueran de verdad hijos de Abrahán, harían lo
que él hizo. Vosotros queréis matarme, que les he dicho la
verdad que aprendí de Dios mismo. Abrahán no hizo nada
semejante. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.
Le respondieron: Nosotros no somos hijos ilegítimos. Dios es
nuestro único padre.
Jesús les dijo entonces: Si Dios fuera vuestro Padre, me
amaríais, porque yo salí de Dios y he venido de parte suya. No
he venido por mi propia cuenta, sino que Dios me envió.
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Evangelio de San Juan
- Cap. VIII. Jn 8,1-59
La
verdad está penalizada
La libertad
Somos libres
Naciste libre
La cenia

(Día 13, marzo, jueves,
Jn 8, 51-59)
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Juan 8,
51-59 - "Vuestro padre Abrahán se regocijaba con el pensamiento
de verme" - En aquel
tiempo dijo Jesús a los judíos: Yo les aseguro que el que pone
en práctica mi palabra, no morirá nunca.
Al oír esto, los judíos le dijeron: Ahora nos convencemos
plenamente de que estás endemoniado. Tanto Abraham como los
profetas murieron, y ahora tú dices: El que pone en práctica mi
palabra no experimentará la muerte para siempre. ¿Acaso eres tú
más importante que nuestro padre Abraham? Tanto él como los
profetas murieron, ¿por quién nos tienes?
Jesús respondió: Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no
valdría; es mi Padre quien me glorifica, el mismo del que
vosotros decís: Es nuestro Dios. En realidad no lo conocéis; yo,
en cambio, sí lo conozco. Y si dijera que no lo conozco, sería
tan mentiroso como vosotros. Pero yo lo conozco de veras y pongo
en práctica sus palabras. Abrahán, vuestro padre, se alegró sólo
con el pensamiento de que iba a ver mi día; lo vio y se llenó de
alegría.
Entonces los judíos le dijeron: ¿De modo que tú, que aún no
tienes cincuenta años, has visto a Abraham?.
Jesús les respondió: Os aseguro que antes que Abraham naciera,
yo soy.
Entonces los judíos tomaron piedras para tirárselas, pero Jesús
se escondió y salió del templo. |
Evangelio de San Juan
- Cap. VIII. Jn 8,1-59
La muerte
Por el azul se llega a Galilea
Soy movido
Llegaste
Tu voz

(Día 14, marzo, viernes,
Jn 10, 31-42.
Nuestra Señora de la Caridad)
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Juan 10,
31-42 - "Intentaron apoderarse de él, pero se les escapó de las
manos" - En aquel
tiempo, los judíos volvieron a tomar piedras para tirárselas.
Jesús les dijo: He hecho ante vosotros muchas obras buenas por
encargo del Padre. ¿Por cuál de ellas quieren apedrearme?.
Le contestaron los judíos: No es por ninguna obra buena que
queremos apedrearte, sino por haber blasfemado. Pues tú, siendo
hombre, te haces Dios.
Jesús les respondió: ¿No está escrito en su ley: Yo les digo:
vosotros sois dioses? Pues, si la ley llama dioses a aquellos a
quienes fue dirigida la palabra de Dios, y lo que dice la
Escritura no puede ponerse en duda, entonces, ¿con qué derecho
me acusan de blasfemia sólo por haber dicho: yo soy Hijo de
Dios, a mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo? Si no
hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las realizo,
aceptad el testimonio de las mismas aunque no queráis creer en
mí. De este modo reconoceréis que el Padre está en mí y yo en el
Padre.
Así pues, intentaron de nuevo detener a Jesús, pero él se les
escapó de entre las manos.
Jesús se fue de nuevo a la otra orilla del Jordán, al lugar
donde anteriormente había estado bautizando Juan, y se quedó
allí. Acudía a él mucha gente, que decía: Es cierto que Juan no
hizo ningún signo, pero todo lo que dijo de éste era verdad.
Y en aquella región muchos creyeron en él. |
Evangelio de San Juan
- Cap. X. Jn 10,1-42
Virgen María, hoy se cumple la Escritura
No importa
Tengo fe
Virgen María

(Día 15, marzo, sábado,
Jn 11,45-57)
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Juan
11,45-57 - "Para reunir a los hijos de Dios
dispersos" - En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a
casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que
había hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos
convocaron el Sanedrín y dijeron: "¿Qué hacemos? Este hombre
hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y
vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la
nación." Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año,
les dijo: "Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que
os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la
nación entera." Esto no lo dijo por propio impulso, sino que,
por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente,
anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la
nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús
ya no andaba públicamente con los judíos, sino que se retiró a
la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y
pasaba allí el tiempo con los discípulos. Se acercaba la Pascua
de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén,
antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y,
estando en el templo, se preguntaban: "¿Qué os parece? ¿No
vendrá a la fiesta?" Los sumos sacerdotes y fariseos habían
mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para
prenderlo. |
Evangelio de San Juan
- Cap. XI. Jn 11,1-57
María, porque Él da la paz le hacen la
guerra
A
Cristo
Alianza
del silencio
Te
cantan hoy mis cítaras templadas
Hombre
y Dios

(Día 16, marzo, domingo, Mt 26,14-27,66. Domingo de Ramos)
|
Mateo 26, 14-27, 66 - "Pasión
de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo":
C. En aquel tiempo uno de
los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y
les propuso:
S. "¿Qué estáis dispuestos a
darme si os lo entrego?"
C. Ellos se ajustaron con él
en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión
propicia para entregarlo. El primer día de los ázimos se
acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
S. "¿Donde quieres que te
preparemos la cena de Pascua?"
C. Él contestó:
+ "Id a casa de Fulano y
decidle: "El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar
la Pascua en tu casa con mis discípulos"".
C. Los discípulos cumplieron
las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer
se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
+ "Os aseguro que uno de
vosotros me va a entregar".
C. Ellos, consternados, se
pusieron a preguntarle uno tras otro:
S. "¿Soy yo acaso, Señor?"
C. Él respondió:
+ "El que ha mojado en la
misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se
va como está escrito de él; pero ¡ay del que va a entregar al
Hijo del hombre!, más le valdría no haber nacido".
C. Entonces preguntó Judas,
el que lo iba a entregar:
S. "¿Soy yo acaso,
Maestro?".
C. Él respondió:
+ "Así es".
C. Durante la cena, Jesús
cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a los
discípulos diciendo:
+ "Tomad, comed: esto es mi
cuerpo".
C. Y cogiendo un cáliz
pronunció la acción de gracias y se lo pasó diciendo:
+ "Bebed todos; porque ésta
es mi sangre, sangre de la alianza derramada por todos para el
perdón de los pecados. Y os digo que no beberé más del fruto de
la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el
Reino de mi Padre"
C. Cantaron el salmo y
salieron para el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo:
+ "Esta noche vais a caer
todos por mi causa, porque está escrito: "Heriré al pastor y se
dispersarán las ovejas del rebaño". Pero cuando resucite, iré
antes que vosotros a Galilea".
C. Pedro replicó:
S. "Aunque todos caigan por
tu causa, yo jamás caeré".
C. Jesús les dijo:
+ "Te aseguro que esta
noche, antes que el gallo cante tres veces, me negarás".
C. Pedro le replicó:
S. "Aunque tenga que morir
contigo, no te negaré".
C. Y lo mismo decían los
demás discípulos. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto,
llamado Getsemaní, y les dijo:
+ "Sentaos aquí mientras voy
allá a orar".
C. Y llevándose a Pedro y a
los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a
angustiarse. Entonces dijo:
+ "Me muero de tristeza:
quedaos aquí y velad conmigo".
C. Y adelantándose un poco
cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
+ "Padre mío, si es posible,
que pase y se aleje d mí ese cáliz. pero no se haga lo que yo
quiero, sino lo que tú quieres".
C. Y se acercó a los
discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
+ "¿No habéis podido velar
una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación,
pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil".
C. De nuevo se apartó por
segunda vez y oraba diciendo:
+ "Padre mío, si este cáliz
no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad".
C. Y viniendo otra vez, los
encontró dormidos, porque estaban muertos de sueño. Dejándolos
de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras.
Luego se acercó a sus discípulos y les dijo:
+ "Ya podéis dormir y
descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo del hombre va a
ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya
está cerca el que me entrega".
C. Todavía estaba hablando,
cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel
de gente, con espadas y palos, mandado por los sumos sacerdotes
y los senadores del pueblo. El traidor les había dado esta
contraseña:
S. "Al que yo bese, ése es:
detenedlo".
C. Después se acercó a Jesús
y le dijo:
S. "¡Salve, Maestro!"
C. Y lo besó. Pero Jesús le
contestó:
+ "Amigo, ¿a qué vienes?"
C. Entonces se acercaron a
Jesús y le echaron mano para detenerlo. Uno de los que estaban
con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la
oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo:
+ "Envaina la espada: quien
usa espada, a espada morirá. ¿Piensas tú que no puedo acudir a
mi Padre? Él me mandaría en seguida más de doce legiones de
ángeles. Pero entonces no se cumpliría la Escritura que dice que
esto tiene que pasar".
C. Entonces dijo Jesús a la
gente:
+ "Habéis salido a prenderme
con espadas y palos como a un bandido? A diario me sentaba en el
templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis".
C. Todo esto ocurrió para
que se cumpliera lo que escribieron los profetas. En aquel
momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. Los que
detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo
sacerdote, donde se había reunido los letrados y los senadores.
Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y,
entrando dentro, se sentó con los criados para ver en qué paraba
aquello. Los sumos sacerdotes y el consejo en pleno buscaban un
falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo
encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que
comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon:
S."Este ha dicho: "Puedo
destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días".
C. El sumo sacerdote se puso
en pie y le dijo:
S. "¿No tienes nada que
responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?"
C. Pero Jesús callaba. Y el
sumo sacerdote le dijo:
S. "Te conjuro por Dios vivo
a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios".
C. Jesús respondió:
+ "Tú lo has dicho. Más aún,
yo os digo: desde ahora veréis que el Hijo del hombre está
sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las
nubes del cielo."
C. Entonces el sumo
sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo:
S. "Ha blasfemado. ¿Qué
necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia.
¿Qué decidís?"
C. Y ellos contestaron:
S. "Es reo de muerte".
C. Entonces le escupieron a
la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo:
S. "Haz de profeta, Mesías;
dinos quién te ha pegado".
S. Pedro estaba sentado
fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo:
S. "También tú andabas con
Jesús el Galileo".
C. Él lo negó delante de
todos diciendo:
C. "No sé qué quieres
decir".
C. Y al salir al portal lo
vio otra y dijo a los que estaban allí:
S. "Este andaba con Jesús el
Nazareno".
C. Otra vez negó él con
juramento:
S. "No conozco a ese
hombre".
C. Poco después se acercaron
los que estaban allí y dijeron: "Seguro; tú también eres de
ellos, se te nota en el acento".
C. Entonces él se puso a
echar maldiciones y a jurar diciendo:
S. "No conozco a ese
hombre".
C. Y en seguida cantó el
gallo. Pedro se acordó de aquella palabras de Jesús: "Antes de
que cante el gallo me negarás tres veces". Y saliendo afuera,
lloró amargamente.
Al hacerse de día, todos los
sumos sacerdotes y los senadores del pueblo se reunieron para
preparar la condena a muerte de Jesús. Y atándolo lo llevaron y
lo entregaron a Pilato, el gobernador. Entonces el traidor
sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de palta a
los sumos sacerdotes y senadores diciendo:
S. "He pecado, he entregado
a la muerte a un inocente".
C. Pero ellos dijeron:
S. "¿A nosotros qué? ¡Allá
tú!"
C. Él, arrojando las monedas
en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes,
recogiendo las monedas, dijeron:
S. "No es lícito echarlas en
el arca de las ofrendas porque son precio de sangre".
C. Y, después de discutirlo,
compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de
forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía "Campo de
Sangre". Así se cumplió lo escrito por Jeremías el profeta: "Y
tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue
tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con
ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el
Señor".
Jesús fue llevado ante el
gobernador, y el gobernador le preguntó:
S. "¿Eres tú el rey de los
judíos?"
C. Jesús respondió:
+ "Tú lo dices".
C. Y mientras la acusaban
los sumos sacerdotes y los senadores no contestaba nada.
Entonces Pilato le preguntó:
S. "¿No oyes cuántos cargos
presentan contra ti?"
C. Como no contestaba a
ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la
fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente
quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás.
Cuando la gente acudió, dijo Pilato:
S. "¿A quien queréis que os
suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman Mesías?"
C. Pues sabía que se lo
habían entregado por envidia. Y mientras estaba sentado en el
tribunal, su mujer le mandó a decir:
S. "No te metas con ese
justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él"
C. Pero los sumos sacerdotes
y los senadores convencieron a la gente que pidieran el indulto
de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador preguntó:
S. "¿A cuál de los dos
queréis que os suelte?"
C. Ellos dijeron:
S. "A Barrabás".
C. Pilato les preguntó:
S. "¿Y qué hago con Jesús,
llamado el Mesías?"
C. Contestaron todos:
S. "¡Que lo crucifiquen!"
C. Pilato insistió:
S. "Pues ¿qué mal ha hecho?"
C. Pero ellos gritaban más
fuerte:
S. "¡Que lo crucifiquen!"
C. Al ver Pilato que todo
era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto,
tomó agua y se lavó las manos en presencia del pueblo, diciendo:
S. "Soy inocente de esta
sangre. ¡Allá vosotros!"
C. Y el pueblo contestó:
S. "¡Su sangre caiga sobre
nosotros y sobre nuestros hijos!"
C. Entonces les soltó a
Barrabás; y a Jesús, después de azotado, lo entregó para que lo
crucificaran. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al
pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo
desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y trenzando
una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron
una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se
burlaban de él diciendo:
S. "¡Salve, rey de los
judíos"!
C. Luego lo escupían, le
quitaban la caña y le golpeaban con ella en la cabeza. Y
terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y
lo llevaron a crucificar. Al salir, encontraron un hombre de
Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz.
C. Cuando llegaron al lugar
llamado Gólgota (que quiere decir "La Calavera"), le dieron a
beber vino mezclado con hiel; él lo, probó, pero no quiso
beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa
echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de
la cabeza colocaron un letrero con la acusación: "Este es el Rey
de los Judíos". Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la
derecha y otro a la izquierda. los que pasaban, lo injuriaban y
decían meneando la cabeza:
S. "Tú que destruías el
templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si
eres Hijo de Dios, baja de la cruz".
C. Los sumos sacerdotes con
los letrados y los senadores se burlaban también diciendo:
S. "A otros ha salvado y él
no se puede salvar. ¿No es el rey de Israel? Que baje ahora de
la cruz y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo
quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de
Dios?".
C. Hasta los bandidos que
estaban crucificados con él lo insultaban.
Desde el mediodía hasta la
media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A
media tarde, Jesús gritó:
+ "Elí, Elí, lamá sabaktaní"
C. (Es decir:
+ "Dios mío, Dios mío, ¿por
qué me has abandonado?")
C. Al oírlo algunos de los
que estaban allí dijeron:
S. "A Elías llama éste".
C. Uno de ellos fue
corriendo; en seguida cogió una esponja empapada en vinagre y,
sujetándola en una caña, le dio de beber. los demás decían:
S. "Déjalo, a ver si viene
Elías a salvarlo".
C. Jesús dio otro grito
fuerte y exhaló el espíritu.
Entonces el velo del templo
se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se
rasgaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que
habían muerto resucitaron. Después que él resucitó salieron de
las tumbas, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a
muchos. El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al
ver el terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados:
S. "Realmente éste era Hijo
de Dios"
C. Había allí muchas mujeres
que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús
desde Galilea para atenderle; entre ellas, María Magdalena y
María, la madre de Santiago y José, y la madre de los Zebedeos.
Al anochecer llegó un hombre
rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de
Jesús. Éste acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y
Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de
Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro
nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande
a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra
María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.
A la mañana siguiente,
pasado el día de la preparación, acudieron en grupo los sumos
sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:
S. "Señor, nos hemos
acordado que aquel impostor estando en vida anunció: "A los tres
días resucitaré". Por eso da orden de que vigilen el sepulcro
hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven
el cuerpo y digan al pueblo: "Ha resucitado de entre los
muertos". La última impostura sería peor que la primera. Pilato
contestó:
S. "Ahí tenéis la guardia:
id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis".
C. Ellos fueron, sellaron la
pierda y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro.
|
Especial Semana Santa
Jesús ante el Sanedrín
¿Por qué?
Porque Él da la paz le hacen la guerra
Descubres, María, la sombra del Verbo
Vuelas por las calles del infierno
María, sigues la huella roja de su pie
Llevas el peso de sus treinta y tres años
Eres corredentora
María, das a tu hijo el último abrazo
La Pasión del Señor
Más allá del dolor
Soy albornía para tu zumo
Alcadafe
Poesías eucarísticas

(Día 17, marzo, lunes, Jn
12, 1-11.
Lunes Santo)
|
Juan 12,
1-11 - "Déjala, lo tenía guardado para el día de mi sepultura" -
Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía
Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le
ofrecieron una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los que
estaban con él en la mesa. María tomó una libra de perfume de
nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los
enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del
perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a
entregar, dice: ¿Por qué no se ha vendido este perfume por
trescientos denarios para dárselos a los pobres? (Esto lo dijo no
porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como
tenía la bolsa llevaba lo que iban echando). Entonces Jesús dijo:
Déjala: lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a
los pobres los tenéis con vosotros, pero a mi no siempre me
tenéis. Una muchedumbre de Judíos se entero de que estaba allí y
fueron no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que
había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes
decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su
causa, se les iban y creían en Jesús. |
Evangelio de San Juan -
Cap. XII y poesías sobre su texto

(Día 18, marzo, martes, Juan
13, 21-33. 36-38.
Martes Santo)
|
Juan 13,
21-33. 36-38 - "Uno de vosotros me va a entregar" - En aquel
tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: Os aseguro que uno
de vosotros me va a entregar. Los discípulos se miraron unos a
otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, al
que Jesús tanto amaba, estaba a la mesa a su derecho. Simón Pedro
le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces el,
apoyándose en el pecho de Jesús, le pregunto Señor: ¿quién es?.Le
contestó Jesús: Aquél a quien yo le dé este trozo de pan untado. Y
untando el pan se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote.
Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: Lo
que tienes que hacer hazlo en seguida. Ninguno de los comensales
entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos
suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la
fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan,
salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió dijo Jesús: Ahora
es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él (Si
Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí
mismo: pronto lo glorificará). Simón Pedro le dijo: Señor, ¿a
dónde vas? Jesús le respondió: Adonde yo voy no me puedes
acompañar ahora, me acompañarás más tarde. Pedro replicó: Señor,
¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti. Jesús le
contesto: ¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará
el gallo antes que me hayas negado tres veces. |
Evangelio de San Juan -
Cap. XIII y poesías sobre su texto

(Día 19, marzo, miércoles,
Mt 26, 14-25.
Miércoles Santo. San José, esposo de la Virgen María)
|
Mateo 26, 14-25
-
"¡Ay de aquél por quien el Hijo del hombre va a ser
entregado!" - En aquel tiempo, uno de los Doce, el llamado Judas
Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: ¿Qué me dan si les entrego a
Jesús?.
Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata.
Y desde ese momento buscaba la oportunidad para entregarlo.
El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, los
discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de
pascua?.
El respondió: Id a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: El
Maestro dice: Se acerca el momento, y quiero celebrar la
pascua en tu casa con mis discípulos.
Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon
la cena de pascua.
Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce, y mientras
cenaban les dijo: Os aseguro que uno de vosotros me va a
entregar.
Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: ¿Acaso soy yo,
Señor?.
Jesús respondió: El que come en el mismo plato que yo, ése me entregará. El
Hijo del hombre se va, tal como está escrito de él; pero ¡ay
de aquél que entrega al Hijo del hombre! ¡Más le valdría a
ese hombre no haber nacido!.
Entonces preguntó Judas, el traidor: ¿Soy yo acaso, maestro?.
Y Jesús le respondió: Tú lo has dicho.
|
El
reloj de la Vida inicia su andadura
Treinta
monedas
María,
te anuncia su última cena
Un
adarme de tu pan
Peregrino
de infinito
Poesías
eucarísticas
Su
martirio es Palabra de Dios
El Niño perdido y hallado en el Templo
Boda blanca
El despertar de José
En tu grial
La Sagrada Familia

(Día 20, marzo, jueves,
Jn 13, 1-15.
Jueves Santo)
Juan 13, 1-15
-
"Los amó hasta el extremo" - Era la víspera de la fiesta de la pascua. Jesús sabía
que le había llegado la hora de dejar este mundo para ir al
Padre. Y él, que había amado a los suyos, que estaban en el
mundo, llevó su amor hasta el final.
Estaban cenando y ya el diablo había convencido a Judas
Iscariote, hijo de Simón, para que entregara a Jesús. Entonces Jesús, sabiendo que el Padre le había entregado
todo, y que de Dios había venido y a Dios regresaba, se
levantó de la mesa, se quitó el manto, tomó una toalla y se
la colocó en la cintura.
Después echó agua en una palangana y comenzó a lavar los
pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que
llevaba a la cintura.
Cuando llegó a Simón Pedro, éste se resistió: Señor, ¿cómo vas a lavarme tú a mí los
pies?.
Jesús le contestó: Lo que estoy haciendo, tú no lo puedes comprender ahora; lo
comprenderás después.
Pedro insistió: Jamás permitiré que me laves los pies.
Entonces Jesús le contestó: Si no te lavo los pies, no tendrás nada que ver
conmigo.
Simón Pedro reaccionó diciendo: Señor, no sólo los pies; lávame también las manos y la
cabeza.
Pero Jesús le dijo: El que se ha bañado sólo necesita lavarse los pies, porque
está completamente limpio; y vosotros estáis limpios, aunque
no todos.
Sabía muy bien Jesús quién lo iba a entregar; por eso dijo:
No todos están limpios.
Después de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto,
volvió a sentarse a la mesa y dijo: ¿Comprendéis lo que acabo de hacer con
vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tienéis razón, porque efectivamente
lo soy. Pues bien, si yo, que soy el Maestro y el Señor, os
he lavado los pies, también vosotros debéis hacer lo mismo unos
con otros. Os he dado ejemplo, para que hagáis lo mismo que yo
he hecho con vosotros.
|
Evangelio de San Juan -
Cap. XIII y poesías s0bre su texto
Especial Semana Santa
María, te anuncia su última cena
Tu amor
Existir
Tu amor
Amanecer de Adán

(Día 21, marzo, viernes,
Jn 18, 1-19,42.Viernes
Santo)
|
Juan 18,
1-19,42 - "† Pasión de nuestro Señor Jesucristo" :
C. En aquel
tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron el torrente Cedrón y
entraron en un huerto que había cerca. Este lugar era conocido por
Judas, el traidor, porque Jesús se reunía frecuentemente allí con
sus discípulos. Así que Judas, llevando consigo un destacamento de
soldados romanos y los guardias puestos a su disposición por los
sumos sacerdotes y los fariseos, se dirigió a aquel lugar. Iban
armados y equipados con faroles y antorchas.
Jesús, que sabía todo lo que iba a ocurrir, salió a su encuentro y
les preguntó:
†. «¿A quién buscan?»
C. Ellos contestaron:
S. «A Jesús de Nazaret».
C. Les dijo Jesús:
†. «Yo soy».
C. Judas, el traidor, estaba allí con ellos. En cuanto les
dijo:“Yo soy”, retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús les
preguntó de nuevo:
†. «¿A quién buscan?»
C. Volvieron a contestarle:
S. «A Jesús de Nazaret».
C. Jesús les dijo:
†. «Ya les he dicho que soy yo. Por tanto, si me buscan a mí,
dejen que éstos se vayan».
C. Así se cumplió lo que él mismo había dicho: “No he perdido a
ninguno de los que me diste”.
Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó e hirió
con ella a un criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja
derecha. Este criado se llamaba Malco. Pero Jesús dijo a Pedro:
†. «Guarda tu espada. ¿Es que no debo beber este cáliz de amargura
que el Padre me ha preparado?»
C. Los soldados romanos, con su comandante al frente, y la guardia
judía, arrestaron a Jesús y le ataron las manos. Acto seguido, lo
condujeron a casa de Anás, el cual era suegro de Caifás, que era
sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había aconsejado a los
judíos: “Conviene que muera un solo hombre por el pueblo”.
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo, que
era conocido del sumo sacerdote, entró al mismo tiempo que Jesús
en el patio interior de la casa del sumo sacerdote. Pedro, en
cambio, tuvo que quedarse fuera junto a la puerta, hasta que el
otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera
y consiguió que lo dejara entrar. Pero la portera preguntó a
Pedro:
S.«¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?»
C. Pedro le contestó:
S. «No, no lo soy».
C. Como hacía frío, los criados y la guardia habían preparado una
fogata y estaban en torno a ella calentándose. Pedro estaba
también con ellos calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de
su enseñanza. Jesús declaró:
†. «Yo he hablado siempre en público. He enseñado en las sinagogas
y en el templo, donde se reúnen todos los judíos. No he enseñado
nada clandestinamente. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los
que me han oído, y ellos podrán informarte».
C. Al oír esta respuesta, uno de los guardias, que estaba junto a
él, le dio una bofetada, diciéndole:
S. «¿Cómo te atreves a contestar así al sumo sacerdote?»
C. Jesús le dijo:
†. «Si he hablado mal, demuéstrame en qué; pero si he hablado
bien, ¿por qué me pegas?»
C. Entonces Anás lo envió, con las manos atadas, a Caifás, el sumo
sacerdote.
Mientras Simón Pedro estaba junto a la fogata, calentándose, uno
le preguntó:
S. «¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?»
C. Pedro lo negó diciendo:
S. «No, no lo soy».
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquél a
quien Pedro había cortado la oreja, le insistió:
S. «¿Cómo que no? Yo mismo te vi en el huerto con él».
C. Pedro volvió a negarlo. Y en aquel momento cantó el gallo.
Después condujeron a Jesús desde la casa de Caifás hasta el
palacio del gobernador. Era de madrugada. Los judíos no entraron
en el palacio para no contraer impureza legal, y poder celebrar
así la cena de pascua. Pilato, por su parte, salió adonde estaban
ellos y les preguntó:
S. «¿De qué acusan a este hombre?»
C. Ellos le contestaron:
S. «Si no fuera un criminal, no te lo habríamos entregado».
C. Pilato les dijo:
S. «Llévenselo y júzguenlo según su ley».
C. Los judíos dijeron:
S. «Nosotros no estamos autorizados para condenar a muerte a
nadie».
C. Así se cumplió la palabra de Jesús, que había anunciado de qué
forma iba a morir. Pilato volvió a entrar en su palacio, llamó a
Jesús y le interrogó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Jesús le contestó:
†. «¿Dices eso por ti mismo o te lo han dicho otros de mí?»
C. Pilato respondió:
S. «¿Acaso soy yo judío? Son los de tu propia nación y lo sumos
sacerdotes los que te han
entregado a mí. ¿Qué has hecho?»
C. Jesús le explicó:
†. «Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, mis seguidores
hubieran luchado para impedir que yo fuera entregado a los judíos.
Pero no, mi reino no es de este mundo».
C. Pilato insistió:
S. «Entonces, ¿eres rey?»
C. Jesús le respondió:
†. «Soy rey, como tú dices. Y mi misión consiste en dar testimonio
de la verdad. Precisamente para eso he nacido y para eso he venido
al mundo. Todo el que pertenece a la verdad escucha mi voz».
C. Pilato le preguntó:
S. «¿Y qué es la verdad?»
C. Después de decir esto, Pilato salió de nuevo y dijo a los
judíos:
S. «Yo no encuentro delito alguno en este hombre. Pero como
ustedes tienen derecho a que les ponga en libertad un prisionero
durante la fiesta de la pascua, ¿quieren que deje en libertad al
rey de los judíos?»
C. Pero ellos seguían gritando:
S. «¡No, a ése no! ¡Deja en libertad a Barrabás!» (El tal Barrabás
era un bandido).
C. Entonces Pilato ordenó que lo azotaran. Los soldados prepararon
una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza. También le
colocaron sobre los hombros un manto rojo. Y se acercaban a él,
diciendo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!»
C. Y le daban bofetadas. Pilato salió, una vez más, y les dijo:
S. «Miren, lo traigo de nuevo para que quede bien claro que yo no
encuentro delito alguno en este hombre».
C. Salió, pues, Jesús afuera. Llevaba sobre su cabeza la corona de
espinas y sobre sus hombros el manto rojo. Pilato lo presentó con
estas palabras:
S. «¡Este es el hombre!»
C. Los sumos sacerdotes y los guardias, al verlo, comenzaron a
gritar:
S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «Llévenselo ustedes y crucifíquenlo; porque yo no encuentro
delito alguno en él».
C. Los judíos insistieron:
S. «Nosotros tenemos una ley y, según ella, debe morir, porque se
ha presentado a sí mismo como Hijo de Dios».
C. Al oír esto, Pilato sintió aún más miedo. Entró de nuevo en el
palacio y preguntó a Jesús:
S. «¿De dónde eres tú?»
C. Pero Jesús no le contestó. Pilato le dijo:
S. «¿Te niegas a contestarme? ¿Es que no sabes que yo tengo
autoridad, tanto para dejarte en libertad como para ordenar que te
crucifiquen?»
C. Jesús le respondió:
†. «No tendrías autoridad alguna sobre mí, si no te la hubieran
dado de lo alto; por eso, el que me entregó a ti tiene más culpa
que tú».
C. Desde ese momento Pilato intentaba ponerlo en libertad. Pero
los judíos le gritaban:
S. «Si pones en libertad a ese hombre, no eres amigo del emperador
romano. Porque cualquiera que tenga la pretensión de ser rey, es
enemigo del emperador».
C. Pilato, al oír esto, mandó que sacaran fuera a Jesús y lo sentó
en el tribunal, en el lugar conocido con el nombre de «Enlosado»
(que en la lengua de los judíos, se llama “Gábbata”). Era la
víspera de la fiesta de la pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo
a los judíos:
S. «¡Aquí tienen a su rey!»
C. Ellos comenzaron a gritar:
S. «¡Mátalo! ¡Crucifícalo!»
C. Pilato insistió:
S. «¿Cómo voy a crucificar a su rey?»
C. Pero los sumos sacerdotes contestaron:
S. «Nuestro único rey es el emperador romano».
C. Entonces Pilato les entregó a Jesús para que lo crucificaran.
Se hicieron, pues, cargo de Jesús quien, llevando a hombros su
propia cruz, salió de la ciudad hacia un lugar llamado “La
Calavera” (que en la lengua de los judíos se dice “Gólgota”). Allí
lo crucificaron junto con otros dos, uno a cada lado de Jesús.
Pilato mandó escribir y poner sobre la cruz un letrero con esta
inscripción: “Jesús de Nazaret, el rey de los judíos”. Leyeron el
letrero muchos judíos, porque el lugar donde Jesús había sido
crucificado estaba cerca de la ciudad, y estaba escrito en hebreo,
en latín y en griego. Los sumos sacerdotes se presentaron a Pilato
y le dijeron:
S. «No escribas: “El rey de los judíos”, sino más bien: “Este
hombre ha dicho: Yo soy el rey de los judíos”».
C. Pilato les contestó:
S. «Lo que he escrito, escrito queda».
C. Los soldados, después de crucificar a Jesús, se apropiaron de
sus vestidos e hicieron con ellos cuatro partes, una para cada
uno. Dejaron aparte la túnica. Como era una túnica sin costuras,
tejida de una sola pieza de arriba abajo, los soldados llegaron a
este acuerdo:
S. «Es mejor que no la dividamos, vamos a sortearla para ver a
quién le toca».
C. Así se cumplió este texto de la Escritura:
Dividieron entre ellos mis vestidos y mi túnica la echaron a
suertes.
Eso fue lo que hicieron los soldados.
Junto a la cruz de Jesús
estaban su madre, la hermana de su madre, María la mujer de
Cleofás, y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a
ella al discípulo a quien tanto amaba, dijo a su madre:
†. «Mujer, ahí tienes a tu hijo».
C. Después dijo al discípulo:
†. «Ahí tienes a tu madre».
C. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió como suya.
Después Jesús, sabiendo que todo se había cumplido, para que
también se cumpliera la Escritura, exclamó:
†. «Tengo sed».
C. Había allí una jarra con vinagre. Los soldados colocaron en la
punta de una caña una esponja empapada en el vinagre y se la
acercaron a la boca. Jesús probó al vinagre y dijo:
†. «Todo está cumplido».
C. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
C. Como era el día de la preparación de la fiesta de pascua, los
judíos no querían que los cuerpos quedaran en la cruz aquel
sábado, ya que aquel día se celebraba una fiesta muy solemne. Por
eso pidieron a Pilato que ordenara romper las piernas a los
crucificados y que los bajaran de la cruz.
Fueron, pues, los soldados y rompieron las piernas a los dos que
habían sido crucificados con Jesús. Cuando se acercaron a Jesús,
se dieron cuenta de que ya había muerto; por eso no le rompieron
las piernas. Pero uno de los soldados le atravesó el costado con
una lanza, y en seguida brotó del costado sangre y agua.
El que vio estas cosas da testimonio de ellas, y su testimonio es
verdadero. El sabe que dice la verdad, para que también ustedes
crean. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura, que dice:
No le quebrarán ningún hueso. La Escritura dice también en otro
pasaje: Mirarán al que traspasaron.
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús,
aunque lo mantenía en secreto por miedo a los judíos, pidió
autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se
lo concedió.
Entonces él fue y tomó el cuerpo de Jesús. Llegó también Nicodemo,
el que en una ocasión había ido a hablar con Jesús durante la
noche, con unos treinta kilos de una mezcla de mirra y perfume.
Entre los dos se llevaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con
vendas de lino bien empapadas en la mezcla de mirra y perfume,
según la costumbre judía de sepultar a los muertos.
Cerca del lugar donde fue crucificado Jesús había un huerto y, en
el huerto, un sepulcro nuevo en el que nadie había sido enterrado.
Allí, pues, depositaron a Jesús, dado que el sepulcro estaba cerca
y era la víspera de la fiesta de pascua.
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Evangelio de San Juan -
Cap. XIII y poesías sobre su texto
Especial Semana Santa
Jesús ante el Sanedrín
El reloj de la Vida inicia su andadura
Treinta monedas
¿Por qué?
Porque Él da la paz le hacen la guerra
Descubres, María, la sombra del Verbo
Vuelas por las calles del infierno
La flagelación del
Señor
María, sigues la huella roja de su pie
La coronación de
espinas
Jesús con la cruz a
cuestas
Llevas, María, el peso de sus treinta y tres años
Eres corredentora
La crucifixión y muerte del Señor
De pie estaba
María, das a tu hijo el último abrazo
Hágase tu voluntad
Virgen
de los Dolores
La Pasión del Señor
Más allá del dolor
Soy albornía para tu zumo
Alcadafe
Poesías eucarísticas

(Día 22, marzo, sábado,
Mt 28, 1-10.
Sábado Santo)
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Mateo 28, 1-10 - "Ha
resucitado y va por delante de vosotros a Galilea" - En la
madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana,
fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de
pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor,
bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó
encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la
nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como
muertos. El ángel habló a las mujeres: "Vosotras no temáis, ya
sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: Ha
resucitado, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e
id aprisa a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los
muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis".
Mirad, os lo he anunciado. Ellas se marcharon a toda prisa del
sepulcro: impresionadas y llenas de alegría corrieron a
anunciarlo a sus discípulos. De pronto, Jesús les salió al
encuentro y les dijo: "Alegraos". Ellas se acercaron, se
postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: "No
tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a
Galilea; allí me verán". |
Mañana
de Pascua

(Día 23, marzo, domingo,
Jn 20, 1-9.
Domingo de Resurrección)
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Juan 20, 1-9 - "Él había de resucitar de entre los muertos"
- El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro
al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del
sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro
discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: "Se han
llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los
dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro;
se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las
vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro
detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y
el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo
con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había
llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él
había de resucitar de entre los muertos.
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Evangelio de San Juan -
Cap. XX y poesías sobre su texto
Especial
Pascua de Resurrección
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